País de bandos
Un poco más de 200 años han pasado desde la fundación del país y parece que no hay mucho afán en que dejemos de estar tomando partidos y facciones políticas.
La patria boba es un ejemplo de ello, no fue sino declarar la independencia de España, y ya estábamos pensando en dividirnos y no en consolidarnos como país. Y claramente entre esa indecisión y esa riña entre centralistas y federalistas fue aprovechada por España que terminó por reconquistarnos por un corto periodo de tiempo.
Después llegó la independencia definitiva y con ella nuevas disputas entre partidos. Esta vez, estaban los seguidores de Bolivar y Santander. Bolivar, entusiasmado por seguir librando batallas de independencia en el sur de continente, dejó a cargo de las cuestiones políticas a su número dos, el cucuteño Francisco de Paula Santander. El llamado hombre de las Leyes se encargó de gobernar la inmensa Nación de Colombia que para ese entonces la conformaban Venezuela, Ecuador, Panamá y lógicamente Colombia. A la llegada de Bolivar, las cosas se complicaron un poco y en una noche de Septiembre, algunos contrario al Libertador, intentaron asesinarlo, en un lamentable episodio llamado la Conspiración Septembrina.
De nuevo, las pujas internas de diferentes corrientes terminaron por derrumbar esa gran Nación que estaba llamada a ser en palabras del prócer estadounidense John Quincy Adams, “una de las Naciones más grandes y prosperas del planeta”
Pero ante la tragedia de la división, todo siguió igual en nuestro país, las confrontaciones políticas llevaron a que tiempo después las luchas entre draconianos y golgotas, esclavistas y abolicionistas, se convirtieran en pan de cada día, todo esto ambientado en medio de sangrientas guerras civiles, en las cuales se destacaron las libradas por los rojos y los azules.
Estrenamos el Siglo XX perdiendo Panamá precisamente como consecuencia de nuestras luchas internas, y de no ser por ese lúcido momento de unidad Nacional en la década de los 30, por poco y nos quedamos sin las bellezas del Amazonas.
Con la llegada de Gaitán, surge en Colombia el primer político anti-stablishment, y con su muerte el periodo más oscuro de nuestra historia moderna.
Un periodo que pareciera llegar a su ocaso, pero que, como ha sucedido en nuestra vida repúblicana, se asemeja más a un preludio de nuevas confrontaciones.
Parece increíble que después de las decenas de rótulos que hemos tomado, en medio de tantas discusiones, sin pena y casi con orgullo, hemos vuelto la mirada a las categorías ideológicas mas conocidas y antiguas: La Derecha y la Izquierda. Un espectro que contiene todos los colores y sabores y que se vuelven con el paso de los días mas irreconciliables.
Colombia es un país de bandos en casi todos los aspectos, lo político ha trascendido lo Social; vivimos casi que con ganas de pertenecer a un grupo o al otro, queremos encontrar cualquier excusa para diferir del otro y tener porqué sospechar del vecino.
Pasa en el fútbol, en el vecindario, en las preferencias musicales y de allí en adelante, en todas las listas que se quieran hacer.
No se trata de obviar las diferencias, cambiemos las facciones, por un derecho a disentir, pero siempre llegando a un acuerdo, a una solución que nos sirva a todos.
