Otro cura violador
Por: Carlos Andrés Pérez Trujillo
Luego de escuchar un audio entre una mujer mayor de edad y el supuesto sacerdote Jesús Joaquín Martínez, de la tercera edad, no solo genera rabia sino preocupación.
Se sabe que el presbítero abusó de una niña de 12 años de manera consecutiva hasta sus 18 años de edad. Años después pactó el pago a la víctima de $200 millones a cambio de su silencio, sin embargo, ella lo terminó denunciando penalmente. Los relatos que se hicieron públicos en redes sociales dan cuenta de un depravado que con sevicia abusaba de esta menor.
Si la mujer no hubiera roto el silencio, seguramente él nunca le hubiera pedido perdón. Luego de escuchar un audio que circula en redes la sensación es de un religioso que se siente acorralado y pide reconsiderar la denuncia, pero no acepta que cometió un crimen.
La Arquidiócesis de Villavicencio este año suspendió a cerca de 19 sacerdotes involucrados en casos de abusos sexuales y en los Estados Unidos una lista de 12 presbíteros saltaron a la fama por abuso de menores y porte y reproducción de pornografía infantil.
Desde hace más de 40 años en el clero se han instaurado denuncias infructuosas y otras que con el paso de las décadas han dado pistas de justicia.
Es que el ocultar la información ha sido una tendencia dentro de la iglesia Católica. Se sabe que El Vaticano dio instrucciones a cada obispo católico de ocultar los casos de abuso sexual que se produjeran en la Iglesia, en un documento de 1962, según publicó el periódico británico The Observer. El documento, titulado Crimine solicitacionis, reclama "estricto" secreto y amenaza con la excomunión a quien hable del tema. El descubrimiento provocó duras críticas por parte de abogados especializados en defender a supuestas víctimas de abusos sexuales cometidos por sacerdotes.
No nos recuperamos del abuso y muerte de la menor Salomé cuando ya otro escándalo sale a la luz pública. Este caso de este sacerdote se une al de ocho infantes de marina que habrían violado una mujer en Putumayo, pero también al de otros militares abusadores de una menor, al igual que otros 15 docentes de Neiva que han abusado de niñas. ¿No les parece que hay una enfermedad mental que no se ha considerado enfermedad hasta ahora?
Pero el problema no es solamente ignorar esta enfermedad (que no se considera enfermedad) sino en ocultar los crímenes, en creer que fueron simples arrebatos sexuales sin importancia. Eso también es reprochable y debería ser sancionado con mayor gravedad.
No basta con leer un libro sagrado y teorizar sobre el amor, cuando a diario justificamos violaciones e incluso muertes. Este caso, no sé por qué razón me hizo acordar de un reconocido sacerdote del Seminario San Esteban de Rivera. Cierto día le dije: “Padre, los periodista deberíamos unirnos con los sacerdotes pues tenemos un fin común: buscar la verdad”. Él me respondió: “Ustedes la buscan y nosotros la mostramos”.
