Otra vez la crisis climática
Ahora, nos tiene aterrados los incendios descomunales en el Amazonas, el pulmón del mundo. A lo largo de este año, se han presentado 79.513 fuegos en esa zona que es vital para la vida en la Tierra. Miles de especies animales y vegetales, están en peligro, pero lo peor la producción de oxígeno y agua, funciones principales del bosque amazónico, pueden verse afectadas de manera permanente.
Si eso sucede, ciclos como el del agua en Colombia, que es alimentado precisamente por las corrientes de aire frio provenientes de la Amazonia, se verían reducidos en proporciones que pueden disminuir en grandes porcentajes las corrientes de agua en páramos, ríos, quebradas, lagunas.
Si entendemos que una de las riquezas, no apreciadas por nosotros los huilenses, es esa provisión de agua (en Colombia el recurso hídrico es de 45000 m3, frente a 8000 m3 de promedio mundial). Una riqueza no solo no apreciada sino, lo más grave conservada y utilizada de manera eficiente. Si así lo hiciésemos tendríamos una ventaja estratégica que nos daría mejores condiciones para el desarrollo económico, y la seguridad ambiental.
Los incendios de la Amazonia, particularmente de la brasileña y parte de la boliviana, tienen convulsionado al mundo. Países europeos, americanos, africanos y asiáticos, han reaccionado con fuerza a la política de desprotección del bosque amazónico del gobierno de Brasil. Un gobierno que tiene una actitud negacionista frente al cambio climático y el calentamiento global.
La cumbre del G7, el grupo de países ricos que se reúne por estos días en Francia, ha tomado, por iniciativa del presidente Macron, la decisión de exigir al presidente del Brasil, Jair Bolsonaro, modificar su actitud indolente y permisiva que ha agudizado la deforestación devastadora de la Amazonia. Como buen país tercermundista, Bolsonaro, ha apelado a la posición facilista del nacionalismo hirsuto, reclamando la soberanía brasileña para negarse a cualquier acción de contención del desastre ambiental. Pero la presión de países, gobiernos, organizaciones ambientales, oenegés de derechos humanos, medios de comunicación y ciudadanía, ha terminado doblegando al gobierno irresponsable del Brasil.
Los colombianos que, tenemos rabo de paja, por la creciente y desaforada deforestación de la zona amazónica, estamos en mora de reaccionar con energía para no permitir que depredadores del medio ambiente, a nombre del desarrollo, sigan praderizando los bosques y contaminando las aguas con explotaciones mineras, de grandes multinacionales.
Esta es nuestra mejor contribución a la urgencia de conservación de ecosistemas vitales para la supervivencia de las especies animales y vegetales, incluyendo al hombre.
