Otra vez el alza de los combustibles
Por: Carlos Tobar
En medio de una crisis aguda de la economía colombiana –el crecimiento del año pasado fue inferior al 2% y en el primer trimestre crecimos un poco por encima de esta cifra, manipulando burdamente las estadísticas oficiales–, el gobierno ha decidido aumentar en una proporción desmesurada los precios de los combustibles (gasolina y diesel). Tanto que, el periódico El Tiempo tituló la noticia “Precio de la gasolina, en nuevo récord histórico”, porque el valor por galón en Neiva, por ejemplo, será a partir del 5 de junio de $9.325, valor que convertido a dólares son algo más de US$3. En lo corrido del año el galón de gasolina ha subido $414, un 4.7%, porcentaje por encima de la inflación proyectada lo que hace presumir que la meta de inflación para este año, será desbordada.
Las implicaciones son múltiples y de gran impacto para el ciudadano común. En primera instancia se van a afectar los precios de los bienes y servicios que utilizamos a diario, porque un precio mayor de los combustibles significa, mayor valor de los fletes y de muchos insumos del transporte de carga. Además, golpeará el sector de distribución de combustibles, porque con unos ingresos inflexibles de los usuarios la tendencia a reducir el consumo se incrementará, lo que se traduce en disminución de las ventas y dificultades mayores para alcanzar el punto de equilibrio del negocio. Adicionalmente, siendo los combustibles uno de los “costos país” determinantes para la competitividad nacional, inevitablemente va a hacer menos accesibles nuestros productos a los mercados internacionales.
El que empieza a cuadrar caja es el gobierno. Aprovechando el aumento internacional de precio del barril de petróleo y el incremento de la tasa de cambio del peso frente al dólar, aumenta el precio de los combustibles, donde la mitad del mismo son impuestos; es decir, este mecanismo permite una reforma tributaria sin autorización del congreso (única institución autorizada para tal fin). Una carga tributaria de carácter regresivo, dado que los usuarios de ingresos inferiores son afectados, proporcionalmente, más que quienes más ganan.
Finalmente, digamos que, si se comparan los precios internacionales de los combustibles en distintos países, Colombia es uno de los países productores con la gasolina y el diesel más costosos, solamente superada por los Estados Unidos y México. Países productores como Venezuela con precios por galón de gasolina de US$0.038, Irán US$1.06, Sudán US$1.28, Kuwait US$1.32, Argelia US$1.36, dan la medida de comparación frente a los US$3.03 de Colombia. Qué países no productores tengan precios de la gasolina iguales o superiores se explica, dado que la totalidad de sus consumos son importados a precios internacionales; pero el caso del país es diferente: si bien no somos un país petrolero propiamente dicho, con insuficientes reservas de petróleo a largo plazo, si podríamos morigerar los precios para favorecer, sobre todo, el desarrollo de sectores industriales y agrícolas donde los combustibles y otros subproductos del petróleo (v.gr. la urea para el abono de cultivos) son componentes de costo claves en la economía nacional.
