Oscuras y apestosas
Ese Parece ser el ambiente y el olor que emana de las famosas bodegas que hoy proliferan por las redes sociales y que al final de cuentas, lo único que generan es una estela de confusión y desconfianza entre los ciudadanos.
Esa percepción de que “todos son iguales” y que las denuncias son simples ataques rastreros, y campañas de desprestigio, son el mantra permanente de estas páginas de fake news.
En nuestra región la desinformación es pan de cada día, y es en parte así, por la pasividad evidente de los órganos de investigación que a lo mejor están esperando que alguien termine perjudicado como consecuencia de lo que se dice y se ventila en estas letrinas electrónicas.
Lo más triste de todo, es que este matoneo virtual pareciera tener conexiones con administraciones locales, gobiernos que ante la crítica optan por la descalificación y la amenaza, retractándose y generando controversias innecesarias, dando razones suficientes para confirmar lo que muchos temían.
Incluso pareciera que los “medios” que los siguen, tienen noticias guardadas listas para ser publicadas a medida que alguna crítica aparezca con tal de que el escándalo pierda capacidad de impacto, estrategia muy sabida en los regímenes totalitarios y fascistas.
Pero reitero, todo esto sucede porque al parecer estos bodegueros les han dado un salvoconducto para actuar con impunidad, para hacer denuncias sin pruebas, para acabar con la honra y el buen nombre de las personas, ante la desidia de las autoridades competentes
Son de hecho, enemigos de dicha profesión, porque cuando un periodista hace un trabajo investigativo serio, en vez de replicar la noticia, terminan atacando a quien busca la verdad.
Las bodegas resultan entonces en el instrumento de una secta que sin mayor decoro van rezándole a Dios y al diablo, posando de periodistas, pero al mismo tiempo con intereses inmensos dentro de la administración pública.
Será cuestión de tiempo para que sus propias torpezas los conduzcan ante los estados judiciales, por lo pronto seguirán convencidos que han tocado el cielo con las manos porque cuentan con una administración complaciente y solidaria que los hace sentir muy por encima de los demás mortales.
El ganador de esta guerra sin cuartel ciertamente es la corrupción que se camufló entre acusaciones encontradas y dónde la opinión pública terminó con verdades a medias y mentiras completas, con un poder político una vez más burlándose del Estado de Derecho manipulándolo a su antojo, como cuando en una alcaldía se contrató mano de obra del último rincón del país aunque en campaña prometía cosas totalmente distintas. Ahora si tienen claros los principios de la contratación pública y la prohibición de exclusión de proponentes por fuera de la región.
