lunes, 13 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-01-22 09:10

“Torta”

Ernesto Cabrera Tejada

Escrito por: Redacción Diario del Huila | enero 22 de 2016

Mucha “torta” decíamos en la universidad cuando alguien no era capaz de hacer algo. - Algo bueno claro- Gobernar en países como Colombia requiere mandatarios dignos y viriles, que desde sus funciones marquen con decoro su camino en el ejercicio del poder y no se les tilde de “tortas”.

Claro,  no todos tienen esa virilidad porque son eunucos desde la dignidad, se agazapan a la espera y pretenden hacer a su antojo lo que se les ocurre, casi siempre en contra de las mayorías que son las más pobres y sugieren ellos las menos pensantes… que equivocados están, que falacia, es que uno tiene derecho a ser bruto, a lo que no tiene derecho es a  querer obligar a los demás a que lo sean.

Cuantas sandeces escuchamos del vecino Maduro, ¿y aquí? escuchar a Santos y sus ministros nos recluyen  en un bazar de idiotas.  Las manifiestas imposiciones, vaguedades y reverzasos más las aclaraciones  como en el caso de Isagen; - cuidaremos el buen uso de los recursos de esa venta –  son espeluznantes. No lo diga, no tiene por qué decirlo, es su deber, es su función, no se resbale sobre lo obvio y no nos siga creyendo pendejos.

Algunos sectores con insipiente manifestación independentista han abierto escenario posible para que el país exija al presidente menos descaro y más atención a lo que se requiere. Una movilización nacional intenta ponerlo en su sitio, al presidente también se puede poner en su sitio.

Y es que están vendiendo el país a cuenta gotas, con descaro, sin inmutarse, de frente, a mano armada, al atraco, sin compasión, al estilo callejero, sin temor ni resquemor… en un evidente detrimento del patrimonio nacional. El mejor ejemplo de la mala calidad educativa en Colombia la representa el ministro Cárdenas, es un indiscutible patrón de los pésimos profesionales que emergen y se cuelan en las altas esferas de gobierno haciendo su voluntad y rehusando escuchar a sus conciudadanos.

Puede una sociedad creer que mientras por un lado se intentan ajustar acuerdos  -aún nada claros para alcanzar la paz-,  el resentimiento crezca por cuenta del festín de lo público, de las bondades a quienes delinquen y las recomendadas amenazas de invadir con impuestos.

Que no digan que somos una “torta”.