“Hemos arado en el mar”
Por Amadeo González Triviño
Los acontecimientos de última hora son parte de un proceso concertado. Las negociaciones de Paz con los alzados en armas, en medio del conflicto, fue la manera como se le apostó al mismo. No se midieron las consecuencias de parte y parte. Hubo improvisación y mucha especulación y gracias a todo ello, se ha obtenido una reelección presidencial, de lo contrario otro sería el Presidente. Parece que estuviéramos viviendo el mismo ciclo y la misma etapa que en su momento adelantara el señor Andrés Pastrana, cuando estuvo como mandatario de los colombianos, con la excepción de que ahora no hay zona de despeje y la negociación es en una isla de veraneo.
Los amagos de cese unilateral, son eso. Simples amagos que han buscado generar una confianza, la cual llegó al punto, en el otro negociador, de una contrapropuesta denominada cese del bombardeo, con lo cual, se dio lugar con suspicacia a una presunta cesación bilateral del fuego, que no ha sido consonante con las ideas de los protagonistas, quienes están en incapacidad de sostenerla y de ratificarla en la práctica, por las distancias y el papel que juega cada uno en conflicto.
Hoy el país se flagela. Todo por un solo precio. La confianza en la palabra o el exceso de confianza en ella, con objetivos y finalidades completamente adversas entre unos y otros. El escenario de la rivalidad política agita sin lugar a dudas, a los protagonistas que quieren repartirse el protagonismo y las voces disonantes de un proceso o del diálogo, terminan por ser fuente de intolerancia, de irrespeto y de pérdida de credibilidad en las instituciones.
Eso. Con lo que ha sucedido, se ha terminado de perder la credibilidad en nuestras instituciones. Nuestros protagonistas en este sainete, son esencialmente actores de un conflicto, en el que los que manejan la confrontación, están incomunicados, alejados y dentro de escenarios completamente diferentes, de aquellos que adelantan la negociación, el sitio de cada uno es conocido pero ajeno a la realidad y ello, puede dar lugar entonces a la insubordinación, a una situación que ha de enlodar todo proceso, para aparentar una fuerza o para distraer su atención.
Es una estrategia de guerra la que se vive. Es una estrategia de guerra, la negociación que se tiene, pero una y otra, van por diferente camino. Y todo ello es para convencernos de que todos los colombianos, por su acción u omisión, han permitido que pasara, todos los colombianos han generado con su indiferencia, con su intolerancia y con su falta de respeto por la autoridad y por la ley, esta situación, este hecho duro y doloroso que estamos viviendo.
Cuando la corrupción y las instituciones se dan la mano con la legalidad que se ha erigido para beneficio de ellos mismos y con la barbarie de falsos positivos o con mermelada para sostener y mantener a unos dirigentes políticos que se dicen voceros de las comunidades, todo termina por contaminarse y por presentarnos falsos modelos de socialización, falsos esquemas de reconciliación, en tanto que las muertes en combate y las confrontaciones ideológicas se matizan con el narcotráfico, la corrupción, la politiquería y el desmadre total de lo que se tiene y lo que se pretende, mientras crece y florece la impunidad y el delito.
Todo es caos, confusión, y el lenguaje que hoy se escucha, no es el lenguaje que necesitemos para construir patria, para erigir y direccionar los mecanismos que nos regresen a la sociedad de la civilidad, a la sociedad de la solidaridad y mucho menos al Estado Social de Derecho, que un día, se consideró como postulado de nuestra organización social.
Hemos arado en el mar, como dijo el Libertador. Ahora que cada quien se defienda y que cada quien asuma su propio destino, como mejor le parezca.
