jueves, 16 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2015-03-04 07:22

¡Ésta es Venezuela, compadre!

Por Gloria Cepeda Vargas

Escrito por: Redacción Diario del Huila | marzo 04 de 2015

Los venezolanos solían identificar con esta frase los  acontecimientos propios de su idiosincrasia caribeña y festiva. Ésa era la Venezuela de las muchachas que volaban en el viento de las cinco; ésa la de  los desenfados musicales de Aldemaro Romero y los corridos de Simón Díaz; ésa la del Ávila cuando rompía con su verde brumoso, los abanicos del amanecer.

Ahora es otra cosa. En televisión y páginas de prensa me bebo las noticias. Maduro, ventrudo y sudoroso, le tuerce los dedos a la brújula, mientras el   cogote de Diosdado Cabello se infla cada minutos, el fantasma del insigne difunto baila y escupe sin pudor, los estudiantes claman desde sus tumbas de cemento y los antros militares del Sebin y Ramo Verde hieden a carne torturada. ¿Qué quedará de los arrestos de Leopoldo López, del viacrucis de Iván Simonovis, de los desgarramientos de la jueza Afiuni, del talante de acero de María Corina Machado, del tardío aprendizaje de Antonio Ledezma? ¿Qué será de los lactantes sin leche, de los ancianos sin escampadero, de los enfermos terminales sin atención, de las morgues repletas hasta el tope? Solo filas interminables que se derriten bajo un sol de fuego frente a las farmacias, los mercados, los hospitales vacíos; solo la frustración de un pueblo que nacido sobre un mar de oro negro, se muere de miseria mientras los dirigentes del socialismo del siglo XXI (¿eso qué será?), viajan en avión privado o se abanican con una baraja de dólares.

Es inoficioso describir con palabras lo que  sucede en Venezuela. Los hechos están a la vista y la indiferencia del continente ante la tragedia de un país que como ése, con  generosidad rayana en ingenuidad, compartió con el mundo su abundancia, no puede alegar  en este caso falta de información ni acomodaticios asideros diplomáticos o políticos. Nobleza obliga, dice el refrán. La memoria del corazón se hizo para recordar y fueron muchos los pueblos que a la sombra del auge petrolero venezolano, adquirieron un futuro mejor.

Eso por un lado; por el otro, gústenos o no, bajo la batuta de Chávez, Venezuela adquirió  identidad y sentido de pertenencia. Pero los cambios  que intentan transformar visceralmente una sociedad, necesitan ejecutores éticos y visionarios. Y la mesnada vociferante que irrumpió en Miraflores en 1999, es solo un amasijo de aventureros ávidos e ignorantes. Los fundamentalismos mal llamados políticos, vengan del lado que vinieren, son fieras sueltas, dicotomías falsas, unanimidades de fondo. El palacio presidencial y el cuartel, entidades  complementarias en el ejercicio democrático, deben  girar sin salir de su órbita. No solo los venezolanos: el mundo entero conoce lo nocivo de los gobiernos militares. Nunca el molde castrense será garantía de civismo. El espíritu liberal de la ley es incompatible con el discurso  uniformado y la libertad para pensar sin correr riesgos,  el único recurso que nos permite respirar en paz.