¡Y se hizo la ley!
Helber Mauricio Sandoval Cumbe
El pasado 6 de enero se sancionó la Ley 1773 de 2016 con la que se creó un delito autónomo en el Código Penal para las lesiones con agentes químicos y/o sustancias similares, lo que para gusto del sentimiento impulsivo nacional, era una necesidad por los varios episodios de ataques a mujeres que terminan desfiguradas.
Absurdo sería discutir la competencia del legislador para su emisión y hasta impertinente criticar la conveniencia de la misma. Sin embargo, creo también que un vistazo a las penas allí previstas, dan muestras de los profundos problemas de nuestra sociedad.
Acorde con aquella nueva ley, sus penas, calculadas conforme el código penal, pueden alcanzar los 45 años de prisión (sin agravantes especiales), cuando se cause deformidad permanente y afecte el rostro, una sanción mayor que la del mismo homicidio simple, lo que obliga a preguntarnos si antes de semejante consagración, se tuvieron en cuenta criterios de coherencia y proporcionalidad o, peor aún, si previno acerca del real efecto preventivo que puede tener tan descomunal sanción.
Soy partidario de la protección integral de los Derechos de la persona y de imponer sanciones fuertes por su transgresión, pero también soy un convencido que el actual sistema judicial penal, lejos está de generar confianza en la ciudadanía y permitir por sí mismo que el endurecimiento de la pena desemboque en menos conductas tan atroces como éstas.
Y lo menciono porque la Ley penal se ha convertido en una pared atribulada de mensajes de prevención, cuyo fracaso se manifiesta en el aumento de normas con poca o ninguna eficacia.
¿Qué sentido tiene aumentar las penas para conductas tan deleznables como éstas, si recientemente se han aprobado Leyes como la 1760 del 6 de julio de 2015 a través de la cual se limitó aún más la procedencia de las medidas de restricción a la libertad en los procesos penales? ¿O será acaso que antes de cometer su fechoría el delincuente acude a un código penal para enterarse de las futuras consecuencias de su obrar?
Es costumbre de vieja data, tal vez desde la colonización, dar soluciones sociales a través de meras leyes de papel. Lo que realmente me preocupa es que si así manejaremos las resultas del proceso de paz, el sometimiento de quienes dejen las armas y la recomposición social, el panorama no es prometedor.
