martes, 14 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2015-10-25 02:33

¡Qué tristeza!

Julio César Triana

Escrito por: Redacción Diario del Huila | octubre 25 de 2015

 

Más que agobiado por la bulla que es connatural al proceso eleccionario y a cuyo escenario naturalmente pertenezco por mi trayectoria y ejecutorias, he visto con perplejo asombro cómo en los últimos días se ha pasado de demonios a ángeles en el tema de las sanciones impuestas por las Superintendencias de Industria y Comercio a los grandes ingenios de azúcar del país.

En términos generales se trata de una controversia esencialmente jurídica que llevo a que el Gobierno Nacional a través de aquel organismo de supervisión y vigilancia, impusiera severa sanciones a algunos de los más grandes ingenios del país por haberse puesto de acuerdo para limitar operaciones internacionales de ingreso de azúcar al país. Algo así como si varios tenderos acordaran limitar el ingreso de oferta externa al respectivo barrio.

Era lo debido que así actuara el Superintendente, pues tales conductas pueden terminar en monopolios que afecten la economía interna en favor de los intereses de unos pocos, máxime cuando ya lo había hecho, ejemplarmente en el tema de los pañales y los productores de arroz.

Tal obrar oficial que en pocos casos se había visto, hoy ha resultado sin embargo cuestionadísimo por los grandes poderes económicos involucrados en la problemática, lo que ha llevado a que incluso el Procurador General de la Nación  haya tomado partida en el asunto, que de estar involucrados otros gremios o personas no merecería un despliegue de tan considerable importancia.

Que tristeza sin embargo, que en asuntos de mayor impacto global como el incumplimiento de la empresa EMGESA a propósito del Quimbo, del que tanto he venido hablando, no merezca la misma atención por parte de la sociedad, los medios de comunicación y de las mismas autoridades que bien preocupadas debían estar por las profundas afectaciones que tiene ésta problemática ambiental.

Habrá que esperar a que sea la misma naturaleza la que nos cobre semejante desidia y banalidad, en medio de un panorama climático que cada vez pone en mayores aprietos el futuro de nuestra descendencia.