¡Oh tiempos, oh costumbres!
Froilán Casas
Permítanme inspirarme en esta locución latina utilizada por Marco Tulio Cicerón, que en los famosos discursos en el Senado Romano, Las Catilinarias, dirigidas contra su enemigo político Lucio Sergio Catilina, quien fue calificado de corrupto -¡cómo se repite la historia!-, y al verse derrotado por el discurso acude a la intriga y calumnia y termina por deshacerse de su contendor, mandándole matar; así se lo quitó del escenario del debate. En ese contexto histórico utiliza Cicerón esa famosa frase: “O TEMPORA, O MORES” para expresar la añoranza de épocas pasadas llenas de honestidad. Me quiero referir en este artículo a los hijos de las nuevas generaciones. Las nuevas generaciones de padres se muestran orgullosos de haber superado los errores que sus padres cometieron con ellos. Y en el esfuerzo por abolir los abusos del pasado, ahora son los más dedicados y comprensivos, pero a la vez los más débiles e inseguros que ha dado la historia. Lo grave es que están lidiando con unos niños “más igualados”, beligerantes y poderosos que nunca existieron. ¡Qué triste! Se pasa de un extremo al otro. Nos cuesta mucho ser equilibrados. El equilibrio es la madurez. Así que, los padres de ahora son los últimos hijos regañados y los primeros padres regañados por sus mismos hijos. Los últimos que le tuvieron “miedo” a sus padres y los primeros que les tienen “miedo” a sus hijos. Los últimos que crecieron bajo el mando de sus padres y los primeros que viven bajo el yugo de sus hijos. Lo que es peor, los últimos que respetaron a sus padres y los primeros que aceptan que sus hijos los irrespeten. En la medida que el permisivismo reemplazó al autoritarismo, los términos de las relaciones familiares han cambiado de forma radical, para bien y para mal. En efecto, antes se consideraban buenos padres a aquellos cuyos hijos eran bien educados, de buenas maneras, obedecían y trataban a sus padres con respeto y buenos hijos a aquellos que trataban a sus padres con respeto y veneración. Hoy los “pájaros les tiran a las escopetas”, complaciendo a sus hijos en todas las pataletas que se inventen. Recordemos la sabiduría popular: cría cuervos y mañana te sacarán los ojos. ¡Qué sofismas de distracción que se emplean hoy en las relaciones familiares! “Mi papá más que un papá es amigo”; ¡qué equivocación! Mañana se pagará caro. El papel de ser padre o madre es la tarea más hermosa e irremplazable. En la medida en que las fronteras jerárquicas se han ido desvaneciendo, hoy los buenos padres son aquellos que logran que sus hijos los amen, aunque pocos los respeten. Son los hijos los que ahora esperan el respeto de sus padres. Que les respeten sus ideas, sus gustos, sus apetencias, sus formas de actuar y de vivir. Y, además les patrocinen sus excentricidades. Se forma el juicio final en una familia, cuando no se complacen a sus hijos malcriados y exigentes. Exigen pero no dan. Paulo Coelho tiene una frase muy interesante sobre este aspecto: “Cuando Dios quiere enloquecer a alguien, lo complace en todo”.
