¡Es malo! Reconoce Santos
Álvaro Hernán Prada
Se han cumplido 5 años de negociaciones entre el Gobierno Santos y las FARC y el balance es pésimo. Mentiras permanentes, pérdida de la política de seguridad como argumento perverso para justificar los diálogos en los crímenes cometidos, engaños a las víctimas que ven como los responsables de los peores crímenes pasaron de ser ellos y ahora son el “conflicto armado”, derroche de dinero para mantener terroristas en La Habana, contratos millonarios para comprar apoyos, persecución a quienes advierten riesgos en lo acordado y lo más grave, una imposición unilateral donde el secretariado terrorista exige y el presidente cede.
Si lo acordado hasta ahora se firma, sería entregarle el país a criminales. Todo de espaldas a los colombianos, en medio de un gobierno que no gobierna.
Las FARC quieren el poder y Santos les prepara el camino. Con comisiones de verdad y memoria histórica contadas a su medida y un gobierno impopular que demuestra su incapacidad para gobernar, llegan en aviones privados desde La Habana, y en vehículos venezolanos con la frontera abierta a ellos, para hacer política armada. Combinando cartillas y fusiles quieren demostrar que hay dos ejércitos legítimos y que serán ellos quienes solucionen los problemas más graves como la imperdonable muerte de los niños por desnutrición en La Guajira, mientras se roban la plata de la salud o la crisis económica que se siente con niveles inflacionarios palpables al mercar y con los anuncios de más impuestos que agravan la situación de la clase trabajadora.
El gobierno presenta al congreso proyectos de Ley y con fechas concretas realiza anuncios como la del 23 de marzo para la firma final. Así distrae la atención en el proceso.
Primero el Marco Jurídico para la Paz que fue rechazado por las FARC. Luego el Congresito y el Plebiscito, ambos con enormes vicios de inconstitucionalidad. La corte no tendrá opción para declarar su exequibilidad. Ninguna será utilizada, porque Timochenko y su combo no están de acuerdo, quieren una Constituyente condicionada a su conveniencia. Por ultimo vimos a Romaña descalificar las zonas de concentración que el gobierno anuncio para la” fase final del acuerdo”.
Curiosamente el último incumplimiento de Santos, la firma final el 23 de marzo, es lo único esperanzador. El presidente reconoció un mal acuerdo y dijo que no lo firmaría. Aunque muchos tenemos dudas si fue esa la razón o fueron las FARC quienes le quedaron mal, nos da la esperanza de recomponer el acuerdo. Si lo hace puede recuperar la confianza de los colombianos en la negociación, de lo contrario nos empujara a un destino como el Venezolano, lejos de vivir en paz tendríamos aumento de la violencia y a la espera de un gobierno futuro que lo desconozca y devuelva el imperio de la Ley y el Estado de Derecho.
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