sábado, 11 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-12-13 09:03

Yuliana Samboní, símbolo del derecho a la vida.

Israel Silva

Escrito por: Redacción Diario del Huila | diciembre 13 de 2016

Que contradicción tan grande, mientras el mundo se aprestaba a celebrar el Día Internacional de los derechos Humanos el 10 de diciembre, en Colombia país que tiene muchas potencialidades, fortalezas, pero que afronta dificultades, también se comenzó a estremecer al descubrir el horror más grande que puede cometer un ser demente, porque actos como los sucedido con la niña Yuliana no puede ser ejecutado en teoría por un humano; sino por alguien  que no es normal y por esa condición no debe estar en sociedad sino confinado en un lugar donde no cause mal a la comunidad. Es lamentable que pasen estas atrocidades que hieren en lo más profundo del alma por hechos tan abominables e inaceptables por la humanidad. Queda demostrado con este crimen cometido que vivimos en una sociedad enferma moral y material. El victimario puede provenir de cualquier estrato socioeconómico, de cualquier barrio, condominio, conjunto cerrado, vereda, pueblo o ciudad. La crisis de valores, principios y el respeto a las normas mínimas de la sociedad invade a las personas sin importar la condición social, económica, política, cultural entre otros.

Cuando suceden casos como el crimen de Yuliana, niña de origen indígena siempre apelamos al castigo y claro, estos casos deben tener la sanción más ejemplarizante y dura por tratarse de una niña y por la condición del victimario. No hay duda del rechazo de la población  y el castigo contra el individuo por este hecho. Todos sabemos que en Colombia todo puede pasar, que al asesino no le demuestren su autoría, por las complicidades de la familia al alterar los hechos; por las relaciones de sus familiares con las esferas de poder judicial, económico y hasta político. No sorprenderá nada lo que pueda suceder; pero además porque en unos días habrá ocurrido algo similar y ya el caso de Yuliana se haya olvidado. La pérdida de memoria y los casos tan repudiables contra hombres, mujeres, indígenas, niños hace que la sensibilidad, el rechazo y la movilización contra esos hechos no dejan que la comunidad y la sociedad en su conjunto se blinden para que no vuelvan a suceder actos criminales. Todos optamos por defendernos y cuidarnos de manera individual lo cual resulta difícil y complejo.  

Estoy de acuerdo con el castigo ejemplar y que la pena cumpla su función, pero lo que me deja dudas es si a pesar de la condena, se podría evitar que hechos similares se den menudo en una sociedad que está en crisis. En mi opinión no se impedirán, porque las condiciones de la colectividad reproducen o mejor, son el caldo de cultivo para que haya otros hechos atroces.  Es necesario volver a los principios de humanidad, al respeto por la vida, de ahondar en los derechos humanos, eso que la familia, la escuela, el trabajo, el Estado, los líderes y los gobernantes han olvidado por completo.