Ya es un delito ser cristiano
Es increíble que en un país de mayoría cristiana y católica se haya discutido por tres semanas si debía o no dejarse el nombre de Dios en la Constitución Nacional.
Me pregunto: ¿qué formación hemos dado en la familia, en los colegios católicos, en las universidades?, ¿será que hemos enseñado más Iglesia que Cristo? En un estudio del profesor de la universidad Nacional, doctor en Sociología de la universidad de París, William Mauricio Beltrán, al hacer un análisis del pluralismo religioso en Colombia, constató que el 70% de los colombianos profesan la fe cristiana católica, un 20% otras confesiones autodenominadas cristianas y sólo un 10% expresan que son ateos o agnósticos. De modo que el 90% de los colombianos se profesan cristianos. Sin embargo, la legislación, en algún grado, va por otra parte. Ahora no se puede nombrar a Dios en las posesiones de los cargos públicos. Hay que jurar en nombre de la Constitución. Documento que por más importante que sea es mutable, toda vez que es redactado por hombres y los hombres mismos lo pueden cambiar. ¡Pero no! Se ha introducido en el imaginario cultural un “respeto” a todas las formas creer. Entonces los cristianos hemos renunciado a manifestar públicamente nuestras creencias, porque “irrespetamos” a los demás. ¡Ah! Pero ellos sí pueden irrespetar las nuestras. No podemos hacer oración en una oficina pública, porque el Estado es aconfesional. Sí, ¿pero ello nos obliga a los creyentes a ser aconfesionales? De modo que, ¿el Estado va por un camino y los ciudadanos por otro? Imagínense amigo lector que en un país de cultura islámica se negase el nombre de Alá de sus hábitos culturales. Todos los países de mayoría musulmana son teocracias. Sus gobiernos son teocráticos. Supuestamente, todos sus gobernantes descienden de Alá. Allí no interviene ninguna ONG de Derechos Humanos. Como hay que respetarlos, su cultura se ve como algo normal. Y, ¡ay! De que alguien vaya a negar a Alá en esos países. ¿Qué le pasó al novelista indio Salman Rushdie el autor de Versos Satánicos? Pero aquí, en aras de la tan cacareada libertad se pueden cometer todos los atropellos a nuestras creencias y debemos callarnos, porque de lo contrario nos califican de trogloditas o hijos de una era ya superada. ¡Cómo es de atrevida la ignorancia! Con mucha frecuencia la fuerza se ha impuesto a la razón. Esa es la ley de la jungla.
Si hacemos una mirada retrospectiva encontramos hechos repetitivos. Nerón quiso incinerar a todos los cristianos. El Islam acabó con la fe cristiana en todos los países del Norte de África y en los países del Cercano y Medio Oriente. El soberbio Napoleón borró el calendario cristiano de su régimen. Entronizó la Diosa Razón, suplantando el nombre de Dios. Nietzsche mató a Dios y levantó la Era del Superhombre. En su tumba escribieron el siguiente epitafio: “Dios ha muerto, firmado, Nietzsche. A renglón seguido: Nietzsche ha muerto, firmado, Dios”. También Napoleón murió sólo y abandonado en la isla británica de Santa Helena. El marxismo-leninismo quiso borrar toda huella de fe cristiana. Ordenó un nuevo calendario. Ya no se decía antes o después de Cristo. Sencillamente, “antes o después de nuestro tiempo”. Y el muro de Berlín ya fue derrumbado. Se quiso matar a Dios y el mundo eslavo, en buena parte, sigue siendo cristiano.
