Y sálvese quien pueda
José Eliseo Baicué Peña
Resulta altamente peligroso lo que se está viviendo en Neiva. Y lo más grave, no pasa nada en términos de soluciones.
La fuerza pública, el gobierno, y demás entes no están cumpliendo eficientemente su labor y su responsabilidad. He estado observando a algunos policías que se ubican en determinados lugares. Y su ocupación principal es “chatiar” en su celular o hablar por él. Ahhhh … algunos tienen una variante: usan audífonos. Tal vez para no escuchar lo que sucede a sus alrededor y no ser interrumpidos en “su labor”. O tal vez, porque necesiten transportarse a otro lugar y olvidarse de su función.
No podemos seguir tan indecisos y tranquilos ante los lamentables hechos de violencia e inseguridad que se registran en Neiva y el Huila. No es posible que 370 mil habitantes seamos menos capaces que 10 pandillas o bandas criminales acentuadas en nuestra comarca. Me resisto a creer que no podamos implementar una estrategia de ayuda mutua que contrarreste esta problemática que está tomando cada vez dimensiones aterradoras.
En algunos asentamientos al extremo norte de la ciudad, opera la ley del más fuerte, pues ni siquiera la policía ha podido evitar los continuos hechos delictivos que allí se suceden. Allí el lema es “sálvese quien pueda”, pues sus habitantes repelen las incursiones de la fuerza pública con armas blancas y de fuego. Parece que el resto de la ciudad se muestra insensible ante esta situación y la fuerza pública, impotente. La fuerza pública de una ciudad no puede dejarse amilanar por unos pocos antisociales que amparados en la marginalidad y en la debilidad del Estado, siguen haciendo de las suyas sin ningún tipo de contemplaciones. Hemos perdido la capacidad de asombro y hasta la capacidad de actuar.
De allí que la política de seguridad ciudadana debe ser consustancial con las políticas de educación, salud, recreación, cultura, empleo y justicia. De otro lado, reconocer que la seguridad ciudadana es un bien público, un derecho que genera deberes, y tener como punto de referencia los conceptos de desarrollo humano sostenible, permite inferir que la construcción de dinámicas de convivencia y seguridad ciudadana no es una responsabilidad exclusiva del Estado, sino que, por el contrario, es también una tarea de diferentes instancias socializadoras.
De aquí surgen las otras seguridades a que nadie se refiere, cuando habla de seguridad. Seguridad educativa, seguridad alimentaria, seguridad médica, seguridad económica, ambiental, jurídica, y hasta sanitaria. La mayoría de candidatos y de gobiernos, utilizan esta temática como problema central la seguridad, pero es evidente que ésta no ha contenido a las demás seguridades tan necesarias para el equilibrio de una región tan desarticulada como la nuestra.
Se hace necesario, actuar unidos para abordar esta dramática situación social. No obstante, es evidente el poco empuje individual que direcciona la creación de una conciencia solidaria de proyección colectiva. Y por supuesto, que es apenas entendible, pues cuando a la población se le margina del desarrollo económico y social de su entorno, su accionar no puede avanzar en la misma vía de un Estado que le niega derechos pero que sí le exige deberes.
Por favor, no olvidemos que somos más los buenos. Busquemos alternativas que permitan y faciliten el apoyo de la comunidad de toda la ciudad. Un apoyo que no esté mediado por las recompensas, por los estímulos individuales, por los amiguismos; no. Es preciso formar un valor ciudadano que esté soportado en la imperiosa necesidad de la seguridad de toda la ciudad. Y ojo, con el San Pedro, la situación tiende a empeorarse.
