domingo, 12 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-08-18 06:27

Y la mayoría qué

Diógenes Díaz Carabalí

Escrito por: Redacción Diario del Huila | agosto 18 de 2016

Hemos visto una fuerte reacción de la mayoría de sectores del país frente a las pretensiones del Ministerio de Educación por implementar manuales de convivencia sesgados, con miras a favorecer sectores de la población discriminados por su condición particular, en especial por su condición sexual. Desde luego la reacción ha sido porque en cierta manera se ha querido atropellar a la mayoría en sus creencias, en sus linderos morales, en sus comportamientos éticos.

El problema con las minorías está en su reconocimiento, en su participación frente a los derechos fundamentales contemplados en el DIH y la carta política que nos rige, desde luego no solamente razonable, sino una obligación de la sociedad que debe garantizárselos. En principio, es deber del estado, una obligación de quienes educan, un compromiso de las autoridades en un país dado a discriminar por todo, a pesar de que nuestra conformación social es tan diversa, donde por fortuna, por lo menos en materia legal, hemos avanzado, no así en la práctica, porque la representación política no refleja esa multietnicidad, esa pluriculturalidad.

 Hasta ahí todo bien, como afirma la famosa frase de “El Pibe”. Pero cuando las pretensiones vienen en detrimento de la inmensa mayoría de hombres y mujeres, la reacción ha sido radical, y creo que estaba en mora de manifestarse. El matrimonio, por ejemplo, desde su definición, es entre un hombre y una mujer, con pleno goce de conciencia y absoluta libertad. Cuando se habla de matrimonio entre personas del mismo sexo, también por definición, ya tiene visos de nulidad. La ley, entonces, debe implementar figuras para este tipo de uniones, con responsabilidad civil, que es lo que el estado debe garantizar. Y frente a la adopción de niños por parejas homosexuales, debe primar el derecho de los niños; los fundamentales: el derecho a tener una familia, el derecho a desarrollarse en un ambiente sano, no por moda, no para que nos califiquen de país moderno.

Los derechos para los homosexuales se han querido enmarcar en una teoría nefasta y con trasfondo económico denominada “Teoría de género”; tan irreal como malsana, que desde  los años cincuenta, se quiso implementar como manera subterránea de reducir drásticamente los índices de natalidad en los países pobres. Muchos personajes hablan de género, su lenguaje se ha metido en lo cotidiano, los medios de información lo utilizan sin saber de su contenido; por lo tanto se cae redondo para aparentar tolerancia, inclusión y otros términos hechos campana, pero que en realidad encierra un gran peligro. La misma ministra ha dicho: “No sabía nada de teoría de género, me ha tocado leer sobre eso…”, pero su lenguaje, sus recomendaciones, su famosa cartilla encierra tal engendro pasando sobre las creencias, los conceptos, la moral y la ética concebida por la inmensa mayoría de la población.

Está bien reconocer, garantizar, respetar proteger a las minorías, pero esa garantía no debe pasar el límite de los derechos de la inmensa mayoría, porque entonces la reacción será contraproducente en un país donde muy fácilmente la polarización es el mecanismo con el cual se reacciona.