Voto por Zuluaga, para romper de nuevo las cadenas
Voto por un hombre formado para gobernar en las dificultades: Óscar Iván Zuluaga, que piensa y actúa como hombre de Estado y ha demostrado conocimiento, carácter y amor a la provincia.
Colombia está en un momento clave de su historia política, quizás de tanta significación como el que antecedió a las elecciones de 2002. Hace doce años, editorialistas de prestigiosos diarios internacionales nos veían como un país inviable y, sin duda, así lo percibía la mayoría de los compatriotas. La llegada de Uribe al poder, aún con los errores propios de la condición humana en su ejercicio, significó romper las cadenas con las que el auge del terrorismo y la pasividad inconcebible de sucesivos gobiernos habían atado la patria a un destino casi perdido.
La Nación, doce años después, se encuentra sentada sobre un inmenso polvorín. A este punto retornamos gracias a la política de apaciguamiento aplicada desde el 7 de agosto de 2012, política que, en realidad, se había convenido de manera tramposa entre el recién posesionado Presidente y los protagonistas de esa maquinaria de guerra, armada hasta los dientes (gracias al poder derivado del narcotráfico y el secuestro), que ha perpetrado crímenes tan horrendos y atroces como los de las autodefensas criminales en sus épocas de "gloria".
A ese peligroso retorno han contribuido los pésimos resultados y las azarosas perspectivas del actual gobierno, que ha sumido al país en una escalada de inseguridad, huelgas, paros y protestas; en la caída de la industria y la economía agropecuaria, y en la pauperización de la clase media; en el incremento de la corrupción; en la incertidumbre... Todos estos factores se tornan explosivos ante la debilidad del Estado y las pretensiones de la narco-guerrilla. Las más interesadas en hacer estallar el polvorín, como lo han demostrado con sus acciones (Por sus frutos conoceréis), son las Farc, hoy navegando airosas en el caldo de cultivo propiciado por un gobierno débil, timorato y prisionero voluntario del eje siniestro formado por los gobiernos de Cuba y Venezuela.
Ahora Santos pretende la reelección. Pero las encuestas muestran, de tiempo atrás, una progresiva tendencia desfavorable al actual mandatario. Un presidente en ejercicio que registra un escaso 23% de intención de voto, con tendencia a la baja, y una imagen desfavorable cercana al 60%, con tendencia al alza, no deja de ser una calamidad para sus aspiraciones. Entretanto, su principal contendor, Oscar Iván Zuluaga, está a punto de tocarle los talones, con un 15% in crescendo, ganado a pulso, aunque se habla, según otras mediciones, de un empate técnico.
Esto tiene irritado al Presidente, cada vez más acorralado por circunstancias que le son adversas. El país no lo quiere o, mejor aún, quiere que se vaya. Santos siente pasos de animal grande y, en su desespero, insulta, ataca, ofende y descalifica a la oposición, promete el oro y el moro, reparte los últimos potes de mermelada, y llega al extremo de poner en inminente riesgo la vida de su mayor adversario político.
Los colombianos tenemos, el 25 de mayo, la oportunidad de retomar el rumbo perdido, desvertebrar el centralismo y romper de nuevo las cadenas de la sumisión a los violentos. Lo lograremos votando por un hombre formado para gobernar en las dificultades: Óscar Iván Zuluaga, que piensa y actúa como hombre de Estado y ha demostrado conocimiento, carácter y amor a la provincia. Así actuó como concejal, alcalde, senador y ministro de Hacienda, cargo este cuyo acertado manejo, en una fase crítica de la economía mundial, le mereció el reconocimiento como el mejor de América Latina. Voto por Zuluaga.
