Votaré por aquel que no nos moleste más
Amigos extranjeros que han estado en Colombia o que se han encantado con la gente de este país y han resuelto quedarse aquí para vivir, se desconciertan, sin embargo, por los excesos que se cometen día tras día contra los ciudadanos, desde los órganos del Estado y muchas empresas privadas.
Se trata de un hostigamiento inclemente, como si se presumiera la mala fe de cada individuo y para nada valiera el principio universal de la presunción de inocencia. Desde la lejanía del poder inamistoso se nos trata como sospechosos, como sujetos dispuestos a incurrir en alguna transgresión, como clientes, usuarios o consumidores proclives al dolo y no como personas desprevenidas y dignas de atención ágil y eficiente.
Con el pretexto de la modernización tecnológica y el seguimiento riguroso de procesos de calidad se exagera en la imposición de trámites, se exige el diligenciamiento de papeles hasta para las acciones más pueriles e insignificantes y se complican a tal extremo hasta los negocios más simples (para comprar una bolsa de maní hay que esperar la factura), que la rutina de cada día se vuelve un reto insoportable por mortificante.
¿Para qué sirven la conectividad, la sofisticación informática, la organización de bases de datos, si las huellas personales que voy dejando como rastro inequívoco a mi paso por la bomba de gasolina, el almacén, el taller de frenos, la sala de cine, el restaurante, el banco, la empresa de celulares, la universidad, no permite convalidar mi identidad con un simple clic, porque en un momento fatal el sistema tiránico decide que yo no soy yo y debo someterme a un interrogatorio donde se me corcha al preguntárseme, por ejemplo, el número completo de la tarjeta de crédito?
Aguantamos tensiones ridículas porque todos los días y a todas las horas hay colas para todo, sellos, formatos y huellas digitales (¡una falla del artefacto para la biometría es casi una muerte civil…), permisos y refrendaciones, cámaras ocultas, conversaciones monitoreadas, en fin, una larguísima lista de controles persecutorios que nos hacen sentir incómodos para los funcionarios, indeseables para los detentadores del poder del uniforme, enemigos del sistema de inteligencia artificial dominante.
De los candidatos presidenciales espero conocer soluciones reales para que volvamos a sentirnos dueños y señores de nuestro propio país, confiados y confiables, libres de sospecha y del acoso demoledor de los trámites. Votaré por el candidato que me ofrezca la garantía de que ni el Estado y sus órganos ni las empresas particulares van a seguir haciéndome la vida invivible con requisitos inútiles. Por aquel que no siga persiguiéndonos como enemigos. Decía un estadista: "Cuando el gobierno le teme al ciudadano, hay libertad. Cuando el ciudadano le teme al gobierno, hay tiranía".
