Volvamos la cara al río
Por Álvaro Hernando Cardona González
La ecologista Alegría Fonseca, hoy directora de la Fundación Alma, el año pasado manifestó sus impresiones sobre el proyecto mediante el cual el río Magdalena seguramente se transformará en un eje fluvial para el transporte de carga desde el Medio y hasta el Bajo Magdalena. Aunque ella aplaude que se aproveche esta arteria fluvial para que sirva a la economía nacional, se reserva sus opiniones sobre los esfuerzos nacionales para su conservación y posterior recuperación.
Estamos de acuerdo con ella. Basados en el modelo constitucional e imperativo del Desarrollo Sostenible, hay que propender porque haya aprovechamiento de los recursos del curso hídrico, cauce y márgenes de nuestra principal arteria fluvial. Sin embargo, preocupa que el proyecto mencionado, que llega al menos a una inversión de $2,8 billones no contemple un plan de sostenimiento de caudal y mejoramiento de su calidad.
Y es lamentable que, siendo el Huila el departamento con más municipios ribereños en Colombia, todo él haciendo parte de la cuenca y constituyendo poco más del 70% del Alto Magdalena, acá no se inviertan recursos en reforestación, mantenimiento de orillas, manejo de aguas residuales y sólidos, educación ambiental y se compense estas regiones junto a las del Cauca y Tolima con inversiones para el aprovechamiento sostenible también.
El proyecto que mencionamos de recuperación de la navegación ha hecho que entidades como Cormagdalena y las otras corporaciones autónomas, que ella coordina para un manejo integral de esta cuenca, olviden lo que pasa aguas arriba y ahí está el Huila; mientras sintonizada, la sociedad huilense sigue distraída dándole la espalda a la corriente hídrica.
Aunque debemos reclamar que se nos tenga en cuenta, debemos también mostrar interés por el río y darle la cara como un espacio y un elemento característico de la región y un ineludible recodo de nuestro pasado y futuro. Recuperar el agua que el cauce lleva y lo que ella produce alrededor (fauna, flora y paisajes) no es poca cosa: hay que darle la cara al río porque si no, dejamos ser lo que somos; porque ya no tendremos el entorno que siempre hemos tenido y construiremos un futuro muy diferente al pasado que nos trajo hasta hoy.
