miércoles, 15 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2015-08-05 07:12

Vivimos tras las rejas

Por Froilán Casas

Escrito por: Redacción Diario del Huila | agosto 05 de 2015

Nuestra patria ha sido dotada por el Creador con innumerables riquezas: paisajes paradisíacos, biodiversidad, fertilidad, riqueza hídrica, dos océanos, hidrocarburos y minerales, etc. Sí, pero ¡qué inseguridad! El Estado no nos garantiza la honra y los bienes. Nunca como ahora, los colombianos pagamos tantos impuestos; sin embargo la protección del Estado está muy lejos de los ciudadanos. No se vive para existir, se vive para subsistir. ¡Qué horror! En toda parte, los ciudadanos honestos y que pagamos impuestos, nos encontramos inermes, a merced de la delincuencia. La criminalidad campea por todas partes. La pobre policía, que tiene gente muy buena, no da abasto para “cazar” a tantos delincuentes. Pero para qué apresarlos, si al otro día caminan como “Pedro por su casa” y, antes resultan enemigos. ¿Para qué denunciar? , ¿dónde está el Código de Policía?, ¿dónde está la protección para el tendero, el finquero, el comerciante? La paz la queremos palpar en la calle, en los parques, en las avenidas, en los centros comerciales.

Como el Estado no nos da protección tenemos que hacer conjuntos cerrados, son los nuevos castillos medievales, inaccesibles a la delincuencia para estar tranquilos. Se tiene que poner vigilancia privada pues el Estado no nos ofrece seguridad. Uno recorre los barrios de Neiva y,  cualquier ciudad colombiana, encontrando un alto porcentaje de casas, de tiendas, etc., tras las rejas pues la criminalidad callejera no da tregua. Las medidas policiales no son la respuesta suficiente al problema. Mientras haya desempleo, habrá delincuencia; mientras haya corrupción, habrá pobreza.

Los antejardines de las casas, en cambio de ser lugares agradables para saborear la naturaleza; están llenos de rejas, pues el pillo de turno se roba las plantas o, peor aún, los vuelve sanitarios. Las ciudades se tornan de alguna manera en cárceles. Su casa en lugar de ser un lugar apacible, resulta una permanente pesadilla de robo. La alegría de tener un lindo hogar, la tiene que oscurecer con unas rejas antiestéticas que no le dejan compartir con el vecino. Si los niños quieren jugar, tiene que llevarlos a un lugar encerrado y controlado con un paquete de policías, para sentirse algo seguro. La policía en los países desarrollados y altamente civilizados, se ocupa de atender a los ancianos al pasar una calle; son los primeros guías turísticos, acompañan a los niños. ¿Cuándo será que Colombia llegue a ser un país culto y civilizado? Excúsenme decirles, estamos a años luz. Con tantos derechos y nada de deberes, estamos labrando nuestra propia tumba. Cría cuervos y te sacarán los ojos. Los ciudadanos honestos nos estamos cansando con tanto desorden. La muestra del “usted no sabe quién soy yo” es una prueba de nuestro subdesarrollo mental. El barrer el andén hacia fuera, el irrespeto al peatón en  las cebras, evidencian nuestra baja cultura. En los países con un buen nivel cultural, los vehículos de servicio público no ponen ninguna clase de música; los barrios son lugares sosegados en donde usted puede escuchar la hermosura del canto de los pájaros. ¿Ustedes creen que nuestras dos “grandes” cuencas hidrográficas, Las Ceibas y el río del Oro, estarían así de contaminados en un país desarrollado? Cacareamos progreso, pero a la par, estamos sembrando miseria y contaminación ambiental, visual y auditiva.

*Froilán, obispo de Neiva.