Visita que crece el optimismo
Por Ernesto Cabrera Tejada
Como creerle al presidente Santos cuando habla de atacar la corrupción si ha sido su actuar reiterado el de absolver casos que involucran a personajes de la política, de influyentes familias y de funcionarios públicos de todas las ramas del poder. Santos transformó su gobierno en un club de amigos del erario – mermelada- y el poder a donde están invitados ahora, terroristas, narcotraficantes y toda suerte de antisociales queriendo sacarle provecho al proceso de paz.
El convidado bastión de credibilidad social y espiritual; el papa, es anhelado por la meza de La Habana -no está previsto- pero cifra cierto optimismo en la sociedad. La reciente visita del prelado a América del Sur, legó posiciones como que "las minorías más vulnerables son la deuda social que todavía América latina tiene", y que "un desarrollo económico que no tiene en cuenta a los más débiles no es verdadero desarrollo". Y ello entusiasma sin embargo esas posiciones que algunos determinan de populistas al ser muy tenues frente a temas como el respeto por la división de poderes, la independencia judicial, la libertad de expresión y la disidencia política que son una apuesta al fortalecimiento democrático
La lucha contra la pobreza y por una mejora en las condiciones sociales no sólo no necesita ir a contramano de las instituciones democráticas republicanas, esas que tanto tiempo nos llevó construir, sino que depende de ella; tienen que ir de la mano, argumenta el filosofó argentino Iván Petrella.
La enseñanza del papa en su periplo es que no podemos perder de vista ni los medios ni los fines, que el desarrollo de todos, pero en particular de las personas que menos tienen, sólo se logra con más equidad y mejor democracia, y eso implica necesariamente un trabajo comprometido y paciente que ya entendemos.
Hasta allí existe una posición clara de lo que necesitamos como sociedad y como Estado pero abra que sumarle una alta dosis de credibilidad al gobierno actual y su práctica en La Habana. Nada aporta el suponer que este es un país corrupto, somos 45 millones de habitantes que debemos cargar con el lastre de unos pocos individuos salidos de la ética y los valores morales que exige y sustenta la sociedad. La vista del Papa en cualquier caso transmite optimismo.
