Violencia y proceso de paz
No salimos del asombro por la forma como en un proceso de paz y negociación para la dejación de las armas, los actos terroristas y de contenido de violencia se multiplican contra la población civil y se genera día a día, un aumento insospechado de esa desazón, tanto por la reelección del Presidente Santos, aunado al hecho de saber que nos enfrentamos a un fracaso anunciado de dichas negociaciones de paz.
Colombia puede tener el respaldo de toda la comunidad internacional, como a diario se escucha, pero ello no es suficiente, cuando un gobierno como el nuestro, no realiza actividades que conduzcan al establecimiento de hechos de paz, a situaciones que nos preparen para un camino donde haya confianza en las instituciones y podamos observar que nos acercamos a un mundo de nuevas esperanzas, de nuevos sueños, de nuevas ilusiones.
El Congreso corrupto, con toda su maquinaria vuelve a iniciar sesiones. Sus directivos que han de ser elegidos, por su parte, corresponden a representantes de la Costa del Caribe, como contraprestación por los votos depositados en las urnas, no importa que se trate de votos de muertos o de electores que vendieron el sufragio o de mermelada con la que se hizo posible dicha reelección.
En tanto, el Gobierno Nacional se prepara para reelegir a sus ministros o cumplir con el compromiso de las cuotas de poder, y sin lugar a dudas, el manejo del presupuesto y de todas las migas del erario nacional, serán utilizados en silenciar las voces a tal altura que para dichos políticos o dirigentes de turno, el único lema, será sin lugar a dudas, lo nuestro es lo personal, antes de las políticas de contenido social y comunitario, como dice nuestra Carta Política.
Y mientras esto sucede, el Consejo de Estado se rasga las vestiduras para refrendar la reelección del Procurador General de la Nación, y se burla de la Justicia, cuando previamente a conocerse la ponencia del fallo presentado por el Magistrado Ponente Yepes Barreiro, se había opuesto al conocimiento de la demanda en Sesión Plena de dicha Corporación, con lo cual, se evidencia la forma descarada de acomodar los procesos judiciales a las prebendas que se obtienen en contraprestación por el manejo del poder, con la vinculación de muchos familiares de Consejeros en la Procuraduría General de la Nación y a quienes sin lugar a dudar, se les negará la posibilidad el impedimento para participar de la votación que ha de acoplarse a las irregularidades planteadas en la demanda.
La Justicia termina siendo en últimas, ese comodín con el cual, los procesos de violación de las normas mínimas de la democracia, se vulneran y se acomodan a los intereses de los potentados de turno. La Justicia no es hoy por hoy, la panacea sobre la cual pueda descansar una sociedad que se ha vapuleado por todas las formas de violencia y donde los derechos humanos y el respeto por el otro, han terminado por ser elementos dispares de un conglomerado complaciente con la corrupción, con la violencia y con el caos institucional que sigue primando sobre todas las cosas, en nuestro Estado Social de Derecho, o mejor, de Derecha.
