Villavieja, El Desierto De La Tatacoa y Yararaka
La vida es un cúmulo de experiencias, algunas maravillosamente buenas, otras pasajeras sin importancia y otras que uno definitivamente quisiera olvidar para siempre.
Hace pocos días viví una vez más uno de aquellos pasajes de la vida que se desean repetir continuamente o que añora uno que vuelvan a suceder, tras un repentino viaje al colonial y acogedor municipio de Villavieja, por invitación que me extendieran unos entrañables amigos.
Villavieja es famoso mundialmente por el imponente desierto de la Tatacoa, desde el cual se abren las puertas de la majestuosa bóveda celeste y se permite un avistamiento de los astros, único y mágico.
En el desierto encontré a don Lorenzo, un curtido hombre de ochenta y siete años de edad, en cuya tez se podía descubrir la sabiduría propia que otorga los años; padre de ocho hijos, cinco hombres y tres mujeres, una de ellas gran cocinera, dueña del restaurante que lleva su nombre "Lilia" y en donde se degusta el más exquisito estofado de chivo y la famosa pepitoria.
Con don Lorenzo conversamos un rato y me contó de su vida en este lugar y el cambio repentino que tuvo tras volverse atractivo turístico, luego según él, de una visita hecha por extranjeros llegados de China.
Las costumbres han venido cambiando a raíz de la arribada de los turistas, pues ahora la gente aprovecha que diariamente llegan centenares de personas a visitar este hermoso lugar, para ofrecerles una gran variedad de servicios y ante esta oportunidad los pobladores de esta bella localidad se han venido preparando para sacarle provecho a la situación en beneficio propio.
Como mi viaje fue de dos días, pernocté en el hotel Yararaka, un sitio espectacular, cómodo, tranquilo, acogedor; en donde hasta el alma y el espíritu se activan positivamente pues en su ambiente se respira un aire de pureza que lo relaja a uno y le hace olvidar hasta las penas y lamentos.
Por eso si está pensando en ir a Villavieja ni se le ocurra devolverse sin visitar el desierto de la Tatacoa y pasar por el hermoso hotel Yararaka, no se lo perdonaría jamás.
Cierro este escrito con la siguiente frase: "Si pudiéramos Vender nuestra experiencias en lo que nos cuestan, todos seríamos millonarios" Anónimo.
