Vergonzoso espectáculo.
Triste el espectáculo de las campañas a la presidencia, desde las orillas de Santos y Uribe.
Con acusaciones mutuas se han impetrado en peleas de chismosos, todos los días cual muchachos malcriados lanzan guijarros podridos que estrellan en la frente del otro sin ruborizarse por los chiquillos que las presencian, van desde expresiones virulentas hasta amenazas inconcebibles en el peor ejemplo de vulgares peleas de corrillo, superando a las famosas verduleras de galería que hacen honor al descaro y la desvergüenza, y así todos los días intentan sorprender a una audiencia morbosa, no ya con resultados amañados de encuestas o prolijas ideas, sino con acusaciones que lindan en el delito pero en el espectáculo de los medios de comunicación mostrando sus nalgas pálidas untadas de mierda.
Cómo desdicen de su origen estos dos candidatos. Santos desde su propio nombre y desde el emporio del clientelismo; y Uribe por interpuesta persona al ver amenazada la prolongación de su triste mandato que no dejó sino encarcelamientos injustos, muertes por falsos positivos, víctimas de la guerra, estigmatizado a todo aquel que no comulgara con su facho proceder, una clase pobre limosnera y atraso en la infraestructura de más de cincuenta años. Una salud convertida en negocio de unos pocos, quienes cobran por no ofrecer servicios, y una educación con los rangos más bajos de medición en calidad, con pobre infraestructura, con miras a privatizarla, y unos maestros como los peores pagados del mundo. Con la riqueza concentrada en pocas manos, el país con las desigualdades más abismales del hemisferio, comparado solo con África.
De allí a Santos no hay mucha diferencia. Los colombianos votaron para que se garantizara la convivencia, por las “locomotoras” del desarrollo, por la inmersión del país en el contexto de las naciones emergentes después del aislamiento de la época Uribe. Pero el costo a tanto desorden y desgobierno ha sido impresionante. La “Locomotora de la minería” deja buena parte del suelo en condiciones desérticas, la proliferación de la explotación ilegal impone su ley con consecuencias funestas de muertes y deterioro ambiental. La “Locomotora del transporte” nunca arrancó, pasaron cuatro años hablando de concesiones viales y no se conoció un solo contrato, puertos como Buenaventura y Tumaco se convirtieron en lugares inaccesibles. El sector agropecuario, con todo su potencial productivo, paga las consecuencias de unos tratados internacionales mal concebidos.
Nunca el país, en términos de Lleras Restrepo, ha estado tan descuadernado. Los patrimonios electorales, como empresas pastoriles, volvieron a hacerse notables. El reparto burocrático y del presupuesto en cuotas parlamentarias se volvió a poner al orden del día. Los magos de la triquiñuela, el despilfarro, de la desidia y del robo de los recursos públicos volvieron a parecer justificados. Con desempacho afirman que la actividad de los parlamentarios es abogar por sus regiones, como si la planeación no fuera el principio preclaro de la administración pública.
Y lo peor de esta etapa siniestra, como gobernados por descendientes de Lex Luthor, es que no hay alternativa, a los rivales les da miedo exponer sus ideas, la única alternativa seria que aparece, Enrique Peñalosa, no tiene capacidad de conectarse con el pueblo, no ha podido exponer lo que piensa, es timorato frente a un país en crisis, su campaña ha sido más la de una vedette que saluda y se toma fotos con al gente, y en esas condiciones, a pesar de la intención, el ciudadano se ve sentenciado a vivir en medio de la carroña y la pelea de aves de rapiña.
