viernes, 17 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2014-10-01 09:28

Vergonzante situación

Decir que Colombia es el segundo país del mundo, después de México, donde se amenaza más a los periodistas, es un dato que nos deja mal parados en el contexto internacional.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | octubre 01 de 2014

Mientras México es el país latinoamericano más mortífero para el ejercicio de la libertad de prensa (según Reporteros Sin Fronteras), con 81 periodistas asesinados, entre enero de 2000 y septiembre de este año, en Colombia se han registrado 56 muertes.

La verdad estas cifras son una vergüenza nacional, más si se tiene en cuenta que  estamos en una democracia donde se garantiza la plena libertad de expresión. De nada se vale que se pregone pomposamente que todos los ciudadanos son libres de expresar lo que quieran bajo los parámetros del respeto, sin embargo, cualquier ciudadano que anuncie una injusticia o un desfalco o revela la pieza clave de un crimen es sujeto de ser perseguido o asesinado. Casos hay muchos y en el Huila.

Para la muestra podemos recordar la muerte del laboyano Nelson Carvajal o Guillermo Bravo (giganteño), casos que son conocidos internacionalmente. Otros periodistas dan fe de la persecución y por eso están refugiados en Canadá.

Las cifras, señala Reporteros Sin Fronteras, no son solo preocupantes en Colombia. El caso de Brasil es alarmante, en este mismo periodo fueron asesinados 38 comunicadores, mientras que en Honduras el número de asesinatos se disparó tras el golpe de Estado de enero de 2009, y se ha elevado a 27 casos.

Estos cuatro países sumaron 202 muertes de profesionales de los medios o colaboradores que, para Reporteros Sin Fronteras son crímenes que tienen una "relación evidente o probable con su profesión", dado que en la mayoría sigue sin conocerse su móvil exacto.

Sin embargo, se tienen datos que demuestran que las razones por las que más asesinan profesionales de esta área es porque denuncian las violaciones a los derechos humanos, el crimen organizado, la corrupción, las injerencias.

No basta con revelar estas cifras, es necesario hacer algo, anunciar a las autoridades de las amenazas, pedir protección y exigir a las autoridades  más respeto por este derecho sagrado que es la libertad de expresión.