Varios del 2015
Por Álvaro Hernando Cardona González
El primero: el dichoso diálogo de La Habana, en el que muy pocos creen. Varias veces hemos advertido que si se llegara a un acuerdo sobre dejación de armas con la banda autodenominada Farc, aún no podría hablarse de paz en Colombia mientras no se haga lo propio con otras igual de terribles como las autodenominadas ELN y paramilitares. Incluso quién sabe con qué otras porque con esto se abre un boquete jurídico y social de nunca acabar para que cuanto grupo delictivo haya por ahí busque lo mismo para legalizar su actuar y lograr prebendas de un Estado débil y equivocado en la interpretación de las realidades sociales desde la metrópoli.
El segundo: hace poco hicimos un acercamiento con dos de los más opcionados candidatos a la alcaldía de Neiva, con decepcionantes resultados. Ninguno de ellos fue capaz de comprometerse con la solución de los más graves y acuciantes problemas de ilegalidad y de desorden urbano. Ni están comprometidos ni desean ser los líderes de la solución de la ocupación del espacio público ni con el caos en la movilidad vehicular y humana; ambos además inescindibles e inevitables para resolver el gravísimo problema de embotellamiento y congestión de la movilidad en Neiva. Un asesor de uno de ellos, muy honesto, dijo que eso no se podía hacer porque si no perdían votos (o sea que están engañando a los moto-taxistas y a los vendedores que ocupan espacio público).
Tercero: la falta de sinceridad y la equivocada manera como se plantearon los necesarios diálogos con la banda de las Farc (porque estamos de acuerdo con que al fin de la guerra se llega mediante diálogos y acuerdos), han llevado a Colombia a estar en las primeras páginas de todos los medios de comunicación mundial por cuenta de uno de los peores desastres ambientales de la historia. Esta banda ha contaminado con petróleo varios ríos, caños y hasta varias playas marítimas del Pacífico nacional que además constituyen patrimonio mundial de la humanidad. Ya no es una afrenta irracional contra los colombianos sino contra cada ser humano en este planeta. Imbéciles.
Cuarto: estamos de acuerdo con varios directores de gremios nacionales en cuanto a no agravar la situación económica con pesimismo. Es cierto que hay frenar el gasto con deuda. Es cierto que hay que extremar la prudencia cuando se vayan hacer inversiones considerables, pero no caer en el desespero como si Colombia estuviera en ruina y nuestra economía hundiéndose. Hay que construir empresas, facilitar los negocios, dejar de importar y animar el consumo de la producción nacional. Esa es la tarea en que todos debemos empeñarnos confiados en que la situación de la Patria va a cambiar pronto.
