viernes, 17 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2014-08-20 09:12

Víctimas ejemplarizantes

Como “un imperativo ético y moral”, calificó el Gobierno la actitud de doce de las víctimas de la guerrilla, los paramilitares y las fuerzas del Estado, presentes en La Habana desde el pasado 16 de agosto, en la mesa de negociaciones Gobierno-Farc.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | agosto 20 de 2014

El acercamiento entre dos grupos  con las características  atípicas promovidas por circunstancias de dolor e impunidad  inaceptables, es un logro supremo,  confluencia de dos corrientes antagónicas en un mapa desconocido por gran parte de la población urbana de Colombia, testigo de un estampido  que hizo volar en astillas el alma del país, puente para una actitud que trasciende toda reflexión, retaliación o lógica  y sobre todo, rompe el esquema primitivo que surge del ultraje inferido sin justificación.

La crónica de los últimos sesenta años la escribió en este país una mezcla  de iniquidad, prejuicios y cobardía que podría figurar con honores en la Historia Universal de la Infamia. Las víctimas son incontables, ahí caen revueltos en una masa informe, los secuestrados, asesinados, torturados; los borrados de la faz de la tierra, cuyos fantasmas deambulan con el nombre de desaparecidos, los eufemísticamente señalados como desplazados, las mujeres-botín, los condenados a una errancia polvorienta y eterna, los desposeídos,  los huérfanos, los hombres y las   mujeres diluidos en un llanto sin final. A los problemas tradicionales de un país clasista y por ende  ignorante como el nuestro, se agregó el salvajismo de unos y otros, perpetrado en  nombre de postulados sin identidad.

Hay golpes “como del odio de Dios”, dijo César Vallejo. Eslabones de una cadena ceñida a la piel, a los sentidos, al recuerdo. Perdonar esa ferocidad que como un vendaval arrancó de raíz lo insustituible, significa tender la mano al destructor de lo que somos. ¿Cómo una mujer violada ante el compañero o el hijo, puede mirar con ojos no solo indiferentes sino compasivos, a quien debería considerar como su peor enemigo?

Por eso la actitud asumida por los 12 ciudadanos (8 mujeres y 4 hombres) que con el perdón como estandarte, reivindican no solo la esencia colombiana, es memorable. Con un ramillete de flores blancas en las manos, Constanza Turbay, quizá la más cruelmente agredida de todos (asesinato perpetrado por la Farc en  la madre y dos de sus hermanos), dice: “Es el encuentro más trascendental de toda mi vida. Hoy nos presentamos como una unidad, no nos interesa saber quién ha sido nuestro victimario, nuestro compromiso real es con la no repetición de estos hechos atroces”.

Bien, ése es el camino, superponer la voz de la razón a los estallidos del instinto. El acompañamiento religioso es asidero para algunos; otros depuran su condición de ceniza apagando las brasas y otros, mediante  balance  realizado entre materia y espíritu, optan por lo segundo. Ésta   es la única reacción sanadora frente a lo irremediable.