Víctima representativa
Por segunda vez el Huila tiene representante de víctimas en La Habana.
Se trata de Consuelo González de Perdomo, mujer aguerrida y digna representante de la raza huilense, quien además ha tenido que soportar, como muy pocas, en carne propia y de la peor forma, los rigores de la violencia que aun aqueja a Colombia.
Esta laboyana de 64 años (no los revela) padeció un penoso e inhumano cautiverio de siete años (10 de septiembre de 2001 al 10 de enero de 2008), luego de ser plagiada por un comando de las Farc cuando se desplazaba entre Pitalito y Neiva.
Mientras soportó el largo sometimiento, Consuelo González perdió a su esposo Jaime Perdomo, quien no resistió verla padeciendo un trato inhumano en las selvas de sur del país y prefirió partir para siempre.
Mientras estuvo secuestrada sus hijas se casaron y nació su primera nieta, momentos transcendentales que las Farc le arrebató y que jamás podrá vivir nuevamente.
Pero no fue solo el desarraigo del entorno familiar y el dolor que le dejó la pérdida de su amado esposo. Consuelo siempre ha demostrado su pasión por la política y su don de servicio. Desde muy joven empezó a militar en el Partido Liberal, logrando ser concejala de Pitalito y luego de Neiva. También fue diputada del Huila y en el año 1994 obtuvo una curul en la Cámara de Representantes, credencial que revalidó en 1998 con la segunda votación más alta del departamento.
La de Consuelo era una carrera política más que promisoria, pues además se constituyó en la reivindicación de la mujer en una época de pocas oportunidades para ellas, un logro que ya la posicionaba como líder, no solo de su natal Pitalito, ni del Huila, sino de toda Colombia.
Y en ese instante fue que irrumpió en la carretera las Farc. Contra su voluntad se la llevaron para internarla durante más de siete largos años en las espesas selvas, lejos de sus jóvenes hijas, de su esposo y de un hogar que era casi perfecto.
Esta es la radiografía escueta de una mujer que tenía todo para ser grande y llegar lejos y la mejor demostración de cómo este inhumano conflicto ha logrado mutilar grandes proyectos de vida.
Consuelo González de Perdomo llega a La Habana acompañada de once víctimas del conflicto -entre las que se encuentran nueve mujeres- confirmando además una realidad que salta a la vista y es ese daño irreparable que ha generado en la mujer colombiana esta guerra fratricida.
Consuelo se enfrentará hoy, cara a cara con los que fueron sus verdugos y los gestores de los grandes vacíos que quedaron en su existencia. De lo que estamos seguros es que los perdonará, pues ella, pese a todo lo que ha tenido que soportar es una abanderada de la paz y una convencida de que sólo expulsando los odios del corazón podremos conseguir un país más promisorio.
