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Opinión/ Creado el: 2015-06-24 06:29

Una vida coherente

Por Froilán Casas

Escrito por: Redacción Diario del Huila | junio 24 de 2015

Una vida coherente es la de la persona que traduce en su vida, en su conducta diaria, lo que afirma y predica. El ejemplo arrastra, las palabras se las lleva el viento. Una vida coherente engendra autoridad moral. Muchos padres no tienen autoridad moral para enseñarles a sus hijos; es más, su conducta es todo lo contrario al discurso  moralizante que dicen a sus hijos. La incoherencia conductual es tan grave que, el mal se ve como un bien y viceversa. Como que se le da la razón al vicio, al pecado, al delito, aparece como una consecuencia lógica que incita a aprobar el mal. Una familia que  no tiene delicadeza en el uso de las cosas materiales, enseña que la trampa es buena, que mentir es un arma normal de convivencia, que robarle al Estado es propio de gente audaz e inteligente. Lo grave no es robar, es dejarse pillar. Hacer dinero fácil es el camino más expedito del “éxito”.

Me ha llegado a mis manos un libro muy interesante: INTELECTUALES. Su autor es el inglés  Paul Johnson,  famoso escritor muerto no hace mucho tiempo. En ella nos describe a un buen número de intelectuales, muy admirados en muchos círculos académicos y políticos. Lo escrito está  muy lejos de su conducta. Menciona entre otros a: K. Marx, J. J. Rousseau, E. Hemingway, B. Russell, L. Tolstoi, J. P. Sartre. No se analizan sus obras y el gran aporte al pensamiento;  se analiza su conducta. Leyendo la misma, a mi juicio, se pierde gran parte de la admiración. Lo que más admiro de una persona es su conducta moral, su coherencia entre lo que dice y lo que hace. Johnson les aplica una trilogía de pecados a los “grandes hombres de la época”: “la mentira, el adulterio y la deshonestidad en los asuntos de dinero”. ¡Qué enormes debilidades! Definitivamente lo que debe dar autoridad a una persona es su coherencia de vida. Por favor, no admiremos a nadie por lo que tiene o por lo que sabe, admirémosle más por su conducta coherente. Cuántos se presentan como los grandes abanderados de la honestidad y son unos pícaros. El discurso está marcado por la igualdad social y la distribución de la riqueza y, cuando llegan al poder, que otrora combatían, son los más crueles tiranos. No es raro encontrarlos: tramposos en los negocios, traidores en los compromisos, ambiciosos pisoteando los derechos de los demás, mentirosos en su afectividad e inestables en esta dimensión humana, jueces inmisericordes frente a las debilidades de los demás. De tales sujetos, ¡líbrame, Señor! Son muy dados a mirar la brizna que hay en el ojo del hermano, pero no miran la viga que cargan en el propio. Son las personas más incongruentes de este mundo.

Admiro a Gandhi que vivió y luchó hasta entregar su vida por causas nobles. Fue mártir de la paz. Ya en el poder que “conquistó”, jamás se desquitó de sus “enemigos”. Admiro a Nelson Mandela, quien  después de haber sido encarcelado de manera totalmente injusta por veintiocho años; llega al poder y no toma venganza de sus depredadores. A quien más admiro, a JESUCRISTO, quien sin cometer un solo pecado, padece el pecado de todos los hombres, para librarnos del pecado.

+ Froilán, obispo de Neiva.