viernes, 03 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2014-07-08 08:21

Una sola vía

Con el relanzamiento de la llamada tercera vía, en Cartagena, con la presencia de líderes de la talla de Bill Clinton, Felipe González, Fernando Enrique Cardozo, Tony Blair y Juan Manuel Santos se pone de nuevo sobre la mesa el debate sobre el papel del Estado en plena globalización,

Escrito por: Redacción Diario del Huila | julio 08 de 2014

una de cuyas características ha sido la reducción del papel de los gobiernos y su capacidad de recaudar impuestos, alterando la función que por más de dos siglos ha venido cumpliendo el Estado Nación y la democracia Liberal.

En casi todos los países democráticos, desde los orígenes del sistema político, hemos podido observar la discusión acerca de las funciones que debe cumplir el Estado. Para el Liberalismo clásico se trata de desarrollar unas actividades mínimas que permitan el libre intercambio y producción de mercancías, concepto extensivo a su visión del comercio internacional.

La crisis de la economía en 1930, sin embargo, puso de manifiesto las limitaciones del mercado para autorregularse: oferta y demanda no logran equilibrios autónomamente o estos tardan demasiado, llevando a la sociedad a sub utilizar recursos y condenando a los ciudadanos a esperar, a ver qué pasa, padeciendo los rigores de los desequilibrios, la competencia y el mecanismo de precios que no asigna convenientemente los recursos disponibles. Frente a ello, el Estado debe intervenir, como lo propone la teoría Keynesiana.

Observamos en el pasado diferentes tipos de respuestas al puro libre mercado que concedían un rol preponderante a la actividad del Estado, desde las fracasadas dictaduras en nombre del socialismo, pasando por los gobiernos populistas que por largos periodos se instalaron en América Latina, hasta los democráticos con sentido social que tratan de utilizar la capacidad del Estado para reducir los desequilibrios sociales y de otro tipo. Más recientemente, el llamado neo liberalismo apareció como una respuesta a la social democracia , en plena era de la globalización, reclamando la soberanía del mercado, por encima de la dinámica de gobiernos, las políticas nacionales y las mismas personas. La corrupción y la degeneración de la política sirvieron como argumentos a favor de reducir el tamaño de los gobiernos y desregular.

El debate, sin embargo, no se cierra en los libros o en las disquisiciones teóricas: la respuesta a la más reciente crisis de 2008 tuvo como protagonistas a esas dos escuelas: mientras que una proponía, y aun lo hace, reducir el tamaño de los gobiernos para superar los desequilibrios fiscales; la otra, liderada por el presidente Obama, utilizó todas las herramientas del gobierno para salir de ella: bajas tasas de interés, expansión del gasto público etc. La historia, afortunadamente, le ha dado la razón y, gracias a ello, los Estados Unidos y el mundo empiezan a encontrar una salida.

Precisamente el debate que ha nutrido esta reciente crisis justifica el desarrollo y la formalización de esa tercera vía como una respuesta por la defensa de la democracia Liberal. No solo el Estado de bienestar, el gran logro de las Socialdemocracias Europeas, se ha encontrado en juego: el régimen político, el papel y tamaño de los gobiernos así como los alcances de su intervención han sido duramente cuestionados, lo que no deja de ser una gran paradoja pues en el origen de la crisis, la burbuja financiera, se encuentra falta de control del Estado a iniciativas que pasaron por encima del interés general, dejando una estela de millones de desempleados y de pobres, y decenas de gobiernos hipotecados.

El agotamiento, en la globalización, de la tradicional propuesta socialdemócrata, asociada a la crisis de los gobiernos y la corrupción de la política, no es suficiente para “decretar” el ocaso de la utopía Liberal sino, más bien, un motivo para buscar nuevos caminos y fortalecerla. Para eso necesitamos nuevos consensos de los demócratas del mundo y más reuniones como la celebrada en Cartagena. No existe otra vía.

 

      Luis Carvajal Basto