Una lunada inolvidable
Por Rafael Hernando Yepes Blanco
Pasan tres días de la semana y llega al fin el esperado jueves, un día especial para el reencuentro alrededor del deporte; Son casi las 6 de la tarde y van llegando a los hogares gran parte de los actores que horas más tarde se prestaran en la esperada lunada de la calle 8. Se trata de un nutrido desfile donde participan ciclistas , caminadores, patinadores , trotadores y hasta las mascotas, un grupo se encuentra en la esquina de la calle 8 con carrera 16, el otro a la altura de la 31, llegan en su vehículo y una vez descargan la bici se unen al recorrido que los llevara según la resistencia al retén del ejército, otros continúan hasta el alto de “Careperro”, donde se detienen para descansar, toman en una de las casetas una naranjada ; los demás prolongan el recorrido hasta el reservorio “Poco a Poco” donde la fuerte brisa dificulta el desplazamiento, lo que merma la resistencia de algunos de los deportistas, pero la gran mayoría avanza 3 kilómetros hasta el lugar donde termina la pavimentación , se regresan 200 metros y se detienen para ingerir líquidos y algunos comestibles, algunos preguntan por la suerte y resistencia de algunos compañeros . Se descansa 5 minutos aproximadamente y se inicia el regreso a Neiva, les esperan subidas y bajadas que hacen muy exigente el recorrido, un pequeño número se detiene y camina, pero no hay problema lo importante es no desfallecer y continuar. Los trotadores hacen gala de su resistencia y muestran las linternas y luces en sus camisetas.
En el trayecto predominan las todo terreno, la indumentaria, las vistosas luces para mejorar la visibilidad en la carreta, los equipos de sonido, el variado color en los uniformes de los participantes proporciona variedad y alegría. La música, el diálogo y en algunos casos la guacherna como dicen los costeños en carnaval, es el común denominador; pero los más juiciosos hacen el ejercicio con toda la seriedad y técnica. Son 2 0 3 horas donde la luna orienta el camino, en ocasiones con la suficiente luz lo que evita el alto uso de las linternas.
En el recorrido se encuentran diferentes puntos de venta de jugos y comestibles, lo que incluye frutas, bizcochos y quesos que con agrado se consume o se lleva en las mochilas o improvisadas bolsas. La lunada es un espacio para el encuentro, participa la población sin distinción de raza, condición social o sexo; niños y adultos e inclusive los perros disfrutan el recorrido, en algunas ocasiones con poca presencia policial lo que hace falta para evitar la acción de los amigos de lo ajeno. La lunada es una actividad espontanea donde las autoridades deben colaborar en la organización, reconociendo los beneficios que ofrece para la salud y recreación. La bici continúa esperando la implementación de un plan maestro de ciclo rutas que garantice no solo en la calle octava sino en diferentes vías de la ciudad el desplazamiento seguro.
