Una lección que no hemos aprendido
Se cumplieron 20 años de la muerte trágica del gran futbolista de la Selección Colombia Andrés Escobar.
Su homicidio estuvo relacionado con carteles de las drogas y apuestas realizadas durante la Copa Mundial FIFA del 94, en donde Escobar, durante un partido contra la selección de Estados Unidos, cometió un autogol, motivo suficiente para que sus autores intelectuales decidieran quitarle la vida. Hasta el momento, como en muchos otros casos, su crimen sigue siendo un misterio, y sus autores intelectuales, como se ha manifestado por los diferentes medios de prensa, siguen libres.
Perdimos a un gran futbolista, pero en especial a un inmenso ser humano como lo describen amigos y compañeros de Selección. Un caballero en los campos y en la vida diaria. Sin embargo, dos décadas después de su crimen, seguimos siendo un país violento que no aprende de su historia y tiende a repetirla constantemente. Los triunfos de la Selección, se convierten en historias tristes para muchos, colmadas de heridos y muertos a lo largo del territorio. El frenesí que despierta sus logros, son una invitación al licor y a la violencia, dejando a un lado normas y deberes. Quizás sea el reflejo de lo acostumbrados que estamos en Colombia a la violencia; de la falta de cultura que demostramos en celebraciones también violentas como el día de la madre, contradictorio a lo que muchos piensan, un día de tristeza para muchas de ellas, a consecuencia de los accidentes y las muertes violentas que se presentan en dicha fecha, producto del alcohol y de situaciones de violencia intrafamiliar.
Lo que debería ser una demostración de unión y respeto entre los colombianos, se transforma en una jornada de violencia y odio entre muchos. Por esto se hace necesario trabajar por la cultura y la sana convivencia, cuyo punto de partida es el respeto por el otro, fundamentalmente por la vida. Las normas deben ser respetadas, con el convencimiento de que su cumplimiento salvan vidas y permiten vivir en paz. A lo mejor a muchos les parezcan excesivas las medidas implementadas como la prohibición del expendio de licores y el toque de queda para menores de edad durante estos eventos. Sin embargo en medio de tanto desorden, resultan salvadoras de vidas, como lo demuestran las estadísticas. Ojalá y llegue el día en que no se requieran medidas como estas. Por el momento, y mientras nos educamos, solo nos queda el garrote, símbolo de una acción coercitiva que tendremos que seguir aplicando, buscando defender la sana convivencia y ese bien preciado que se llama la vida.
Hoy juega nuevamente Colombia, espero podamos celebrar en paz y alegría el triunfo de nuestra Selección.
