Una historia de olvido
Ayer toda clase de fotos, videos y testimonios recordaron que han pasado 30 años. Toda una generación que nació escuchando la historia de todo un pueblo que desapareció en una catástrofe natural cuyo símbolo fue una niña que agonizó frente a las cámaras de televisión.
En Armero murieron 25.000 personas en una avalancha propiciada por el volcán Nevado del Ruiz. Como siempre, hoy después de realizada la evaluación de lo ocurrido, muchos creen que se pudieron evitar tantas muertes. Sin embargo, este hecho difícilmente servirá como un ejemplo para evitar un semejante desastre.
Ayer los armeritas diseminados por Colombia contaron sus historias, lloraron y tal vez se arrepintieron silenciosamente de no haber nacido en otro lado, para ver evitado la ausencia de tantos seres queridos.
Nos unimos a los recuerdos genuinos de muchas víctimas de la naturaleza. 30 años después nosotros somos una voz más que lamenta lo sucedido, pero al mismo tiempo levantamos una voz de reproche al Estado que en muchas ocasiones se olvida de las tragedias de sus ciudadanos.
Esto no solo tiene que ver con la desaparición de este municipio del Tolima, sino por tantos casos donde acaecen desastres de la naturaleza y las víctimas no tienen otro camino que el de la resignación.
Hoy vemos atisbos de lo que fue Armero. Ruinas y voces que susurran nombres muertos. Una cadena de oraciones que nos lleva al pasado, un próspero municipio de cerca de 31.000 habitantes que tenía una economía sólida y había consolidado una historia desde el mismo día en que fue fundado en el año de 1895.
Pero la erupción del nevado acabó con todo. Cuenta que esta fue la segunda expulsión volcánica más mortífera del siglo XX, superada sólo por la erupción del monte Pelée en 1902 en la isla de Martinica, y el cuarto evento volcánico más mortífero desde el año 1500. Fue una catástrofe previsible, exacerbada por el desconocimiento de la violenta historia del volcán, pues geólogos y otros expertos habían advertido a las autoridades y a los medios de comunicación sobre el peligro durante las semanas y días previos a la tragedia. Pero ocurrió.
Después de lo ocurrido, habrá un cargo de conciencia por los funcionarios estatales que sabiendo lo que podría ocurrir no hicieron nada para evitarlo. Este es un auténtico caso de la inoperancia Estatal que no puede volverse a repetir.
