Una fórmula para mejorar nuestra salud (I)
Apoyándome en un artículo publicado en una revista de cardiología en Costa Rica encuentro argumentos suficientes para las afirmaciones que en día de hoy son motivo de análisis en esta columna por su actualidad e importancia;
tiene relación con la obesidad y lo que podemos hacer aplicando experiencias que a mi manera de ver pueden ser viables en un medio como el nuestro, donde el ejercicio físico nos hace mucha falta para contrarrestarla. La obesidad es un fenómeno complejo que ha alcanzado niveles de epidemia y constituye un riesgo de enfermedad cardiovascular. Existen investigaciones que valoran el efecto de la actividad física en la pérdida inicial peso y en el nuevo peso después de un período de seguimiento igual o mayor a 1 año. Se evidencia que al hacer deporte se reducen las calorías consumidas y se contribuye a la pérdida de peso, mejora la conservación del nuevo durante el período de seguimiento (2 años).
La comprobada inactividad física en adultos a partir de los 20 años de edad contribuye al sobrepeso y obesidad. La inactividad física está asociada con los factores clásicos de riesgo de enfermedades cardiovasculares, se ha encontrado que existe una relación entre el riesgo de sufrir un infarto agudo de miocardio y la obesidad abdominal. La obesidad es un padecimiento crónico y complejo, ocasionado en muchos casos por la falta de voluntad de la persona o su deficiente autocontrol,para combatirla se requiere prevenirla y tratarla. El gran desafío es evitar recuperar el peso perdido ya que las dietas en algunos casos producen efectos similares de pérdida de peso.
El mantenimiento del peso corporal durante la vida adulta es difícil de lograr. Los adultos experimentan un aumento de su peso con el paso de los años que puede atribuirse al sedentarismo, la dificultad de mantener el peso corporal en la vida adulta es manifestación evidente de la epidemia mundial de sobrepeso y obesidad. Los datos presentados en el informe del Centro Nacional de Estadísticas de Salud de los Estados Unidos en 2007 indican que la prevalencia de la obesidad en adultos entre 20 y 74 años, continúa incrementándose. Los avances tecnológicos han propiciado el sedentarismo en la población. La falta de actividad física tiene relación con el sobrepeso, obesidad, diabetes, hipertensión, depresión, problemas cardiovasculares, deterioro de la autoestima, pérdida de masa ósea y osteoporosis, algunos tipos de cáncer y mortalidad prematura. Así las cosas tenemos mucho por hacer.
La OMS considera que al menos un 60% de la población mundial no realiza un mínimo de actividad física recomendada que equivale a 30 minutos por día. Cuando una persona no cumple con el mínimo se considera sedentaria.En la próxima semana continuare el desarrollo de la presente columna.
