Una emergencia bien atendida
Alfonso Vélez Jaramillo
Tenemos que reconocer, así no estemos de acuerdo por diferencias políticas, administrativas o personales, la perfecta coordinación de la Gobernación del Huila atendiendo el desastre que afectó a 8.275 mil personas en los municipios de Rivera, Algeciras y Campoalegre.
Valió la pena que los procedimientos estuvieran dirigidos con serenidad por un sicoterapeuta como el gobernador Carlos Julio González Villa, cuya última especialización, según sus allegados, fue precisamente sobre el manejo de calamidades a consecuencia de catástrofes, como la que vivió el Huila en la última semana.
Muchos barrios de las tres localidades quedaron semisepultados por el lodo, dando la apariencia de estar viviendo, en menor escala, lo ocurrido hace 30 años durante la tragedia que sepultó a Armero, en donde murieron más de 20 mil personas.
En el 30 por ciento del área urbana de Campoalegre, en unos 12 barrios les llego el barro a la gente hasta las rodillas y a algunos hasta la mitad de su cuerpo, según su alcalde Aldemar Gutiérrez. La bocatoma del acueducto quedó destruida y hasta anoche no había sido restablecido el servicio de agua potable, es crítica la situación.
Varios centros educativos también fueron afectados, sin contar la pérdida total de la cosecha arrocera lista para recolectar en más de 200 hectáreas.
En Rivera, aunque el área urbana también sufrió, los mayores afectados fueron los campesinos, la avalancha destruyo varios puentes y el anillo vial turístico por el corregimiento de la Ulloa, tiene paso restringido a la altura del puente Rio Frio, solo para personas y motocicletas, ordenado por el Gobierno Nacional, debido a que quedó en muy malas condiciones.
Según el alcalde de Algeciras, su municipio quedó aislado, se cayeron todos los puentes que comunican la zona urbana con la rural y hay muchas familias que lo perdieron todo y esto describe la magnitud de la tragedia.
Hay que destacar que el manejo adecuado de las alertas tempranas y el ejercicio permanente de posibles siniestros realizados con anterioridad, permitió la evacuación de la población, cuyo resultado no registró la muerte de ninguna persona, se demostró que la atención fue ajustada, de acuerdo a las circunstancias.
En medio de la desgracia hay muchos damnificados que hoy lloran su infortunio, pero están felices porque su núcleo familiar, no perdió a algunos de sus miembros. Esta si es una buena noticia.
En total: Son 8.275 damnificados pertenecientes a 1.655 familias, 200 viviendas destruidas y unas 600 con afectación moderada, 12 puentes vehiculares y 8 peatonales destruidos, 3 acueductos urbanos borrados del mapa y otros 25 rurales afectados, lo mismo que 26 carreteras veredales destruidas, 35 distritos de riego y una vasta zona arrocera de Llano Grande, resultó igualmente afectada e inservible, en síntesis en Campoalegre, están afectados todos los servicios agua, energía y gas en los tres municipios.
Las pérdidas son multimillonarias y es aventurado por ahora mencionar una cifra, porque no se ha hecho aún una valoración económica de los daños materiales.
Por primera vez en muchos años el casco de urbano de Neiva, no sufrió inundaciones por rio Las Ceibas, lo que demuestra que los tan criticados muros construidos, por varias administraciones por cerca de 35 mil millones, en tres fases, evitaron que estuviéramos en la calamitosa situación de nuestros hermanos que lo perdieron todo.
Aunque el Gobierno Nacional ha estado atento a la emergencia con ayudas, maquinaria y recursos económicos a través de Iván Márquez, director de la Oficina Nacional de Emergencias, ahora se espera que la recuperación de sea total y no se olviden de la caótica situación del Huila. Y felicitaciones al Ejército y a la policía por su magnífico aporte.
