Una educación que educa
Froilán Casas
Estuve visitando la vereda Patía en el municipio de Bayara el pasado once de noviembre, en medio de una hermosa lluvia que empapaba la tierra dando fecundidad a los campos ávidos de nutrientes. ¡Qué gente tan linda! A pesar de la lluvia, con el Señor Alcalde doctor Jorge Enrique Cardozo a la cabeza, la comunidad del sector salió con entusiasmo a recibir a su pastor que los visitaba con la alegría de anunciar el mensaje de salvación que nos trajo Jesucristo. La banda marcial de la Institución Educativa Joaquín García Borrero, nos recibió con sus aires musicales que expresaban el regocijo de la comunidad. Los muchachos me llenaron de entusiasmo al constatar su buen espíritu. En todos se reflejaba sed de Dios y el anhelo de escuchar un mensaje de esperanza. Su acogida me llenó de gozo, me decía -¿quién soy yo para que me den tanto cariño?-. Un hombre frágil y necesitado del amor de los demás. Los chicos, estrenando lujosa banda de música, sus limpios uniformes, entonaban ritmos marciales en medio del agua que les corría por sus rostros. Su rectora, la licenciada Doris Díaz, lideraba todo un andamiaje artístico y cultural; los docentes como una sola persona emulaban en servir con alegría a todos los visitantes que llegaban del entorno geográfico. Celebré la Santa Misa en compañía del padre Carlos Arturo Rojas, párroco de la localidad, cantada por los estudiantes y todos al unísono entonaban alabanzas al Señor Jesús, -la lluvia no fue obstáculo para cumplir con lujo de detalles la programación planeada-. No podía creer que esto ocurriera en una institución educativa oficial. Las aulas de clase limpias, jardines en las zonas verdes. El ingreso a las instalaciones debidamente empedrado y cementado. A la hora del almuerzo que compartí con los estudiantes, no podía faltar una presentación artística, las dotes salieron a relucir: ¡Qué talentos, qué coreografía! Detrás de toda esa presentación artística tenía que estar un docente que no se quejaba por la pobreza, optimizaba los recursos a su alcance. Esa es la gente que a un problema le encuentra solución; no son plañideras quejándose por todo. ¡Qué bueno el espíritu de toda la comunidad educativa! Las sorpresas siguieron: se imparte formación agropecuaria, una pobreza llevada con dignidad; una educación que responde a las necesidades. ¡Qué acierto! Granja integral: establos para vacunos y porcinos, cultivo de verduras, cereales y pastos. Los adolescentes y niños se forman en el aprender haciendo. Esos sí son proyectos productivos. No termina aún, tienen un internado para ayudar a los niños y jóvenes de la comarca, en donde se les da alojamiento y alimentación de domingo a viernes, con atención a sesenta muchachos. Aquí no se subsidia la mendicidad, se subsidia la productividad. ¡Qué mejor inversión que una educación integral! Eso se llama formar para el trabajo productivo, no formar para el empleo. ¡Qué bien invertidos nuestros impuestos! La educación más que infraestructura, requiere un cambio de mentalidad y un compromiso con la tarea asignada. ¡Qué ejemplo! Con poco, hacen mucho. Formemos en la cultura del ofrecer antes que en el pedir. Menos retórica y más hechos.
