sábado, 11 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-05-03 08:56

Una cultura del despilfarro

Froilán Casas

Escrito por: Froilán Casas
 | mayo 03 de 2017

Los pueblos situados en la zona tórrida, en el trópico, tienen las tierras más feraces del planeta, tienen recursos naturales de toda índole y, sin embargo son países pobres. Una de tantas causas es la cultura del despilfarro: aquí se dilapida todo. Como no tenemos estaciones, no tenemos el ambiente ecológico de la previsión. Los habitantes de las zonas en donde hay estaciones, tanto en el hemisferio Norte como en el hemisferio Sur, son personas que almacenan para soportar el crudo invierno. Cada estación está marcada por situaciones eco – sistémicas concretas, esto hace que su mentalidad vaya previendo todo. En general los países de estas zonas son países ricos; su economía es mucho más estable que la de los países tropicales. Un modelo de país altamente cuidadoso de los recursos naturales es Israel. Israel en su composición política actual es una joven democracia. Un país que renació como el Ave Fénix, de las cenizas en 1948; siendo un desierto, es un gran productor de productos alimenticios: exporta cítricos a la Comunidad Económica Europea. Han hecho del desierto un vergel. Con tan poca agua que poseen, la optimizan al máximo: los campos agrícolas, los parques y bosques son alimentados por un sistema hídrico digno de admiración. Por doquier se ven las extensiones de mangueras que por goteo alimentan los sembrados, árboles en las avenidas y parques: ¡No! Es sencillamente maravilloso. Ellos no se viven quejando del embarazo, le entregan al mundo la alegría de un niño. Su nivel económico es de los más altos del mundo; su tecnología es de vanguardia. Todos sus vecinos son hostiles a su existencia y esto hace que estén profundamente unidos. ¡Ah! Entre nosotros da vergüenza nuestra mentalidad. Aquí contaminamos los ríos y después lamentamos que las avalanchas acaban con nuestras viviendas. El agua se despilfarra por doquier. Nacemos en una cultura de la abundancia y todo lo queremos consumir hoy. Permítanme comentarles una pequeña historia personal: cuando estudiaba la maestría en la universidad Gregoriana de Roma, hace ya décadas, en la residencia estudiantil en donde me pagaban la beca, una vez, como lo hacía con alguna frecuencia, el pan que me sobraba lo botaba a la basura o lo dejaba ahí en la mesa. Un condiscípulo esloveno, recogió el pedazo de pan que había botado, lo guardó en su servilleta y lo dejó para consumirlo al otro día. ¡Qué lección que me dio! Nunca se me puede olvidar. Dialogando después con él me dijo: Froilán, yo viví casi un año, cuando era niño en un campo de refugiados en Salzburgo y allí conocí el hambre, por favor, no botes lo que no te puedas comer, otro lo necesitará y tú lo podrás necesitar maña. ¡Qué lección que marcó toda mi vida! La generación de la Europa de la posguerra fue austera y hay que ver cómo la reconstruyeron, optimizando al máximo los recursos, en un lapso de dos décadas. La Europa que yo conocí fue la generación que, de alguna manera había sufrido la guerra: qué cuidado por la naturaleza, qué austeridad en el gasto. La honradez era la carta de presentación de todos los ciudadanos.

+ Froilán, obispo de Neiva