Una cultura de holgazanes
Froilán Casas
Nuestra cultura étnica es fruto de migraciones prehispánicas y la llegada de los peninsulares a tierras de América. Las colonizaciones del Norte difirieron de las del Sur y Centro América por la proveniencia de los conquistadores. Las culturas aborígenes sí tenían, algunas, un cierto grado de desarrollo. A veces por un excesivo amor al terruño, presentamos sesgadamente los hechos. Es muy difícil ser objetivos en la narración de los mismos. Como se dice popularmente: cada quien tira para su lado. En la línea de Hans G. Gadamer, cada uno tiene su propio horizonte hermenéutico de interpretación. En la narración de los hechos suele presentarse un marcado ´chauvinismo´ -pronúnciese chovinismo-, (término proveniente del francés). Es un excesivo patriotismo que hace ver todo lo extranjero de menor rango y lo nacional como lo perfecto. Evitemos las exageraciones en todo. Por favor no seamos viscerales en las lecturas de los hechos, seamos tranquilamente racionales. No nos dejemos llevar por el tropicalismo. Procuremos ser más objetivos.
Los nativos y los llegados de la península ibérica, no era la gente más trabajadora. En general vivían el “dolce far niente” = el dulce hacer nada de los romanos y en general de los mediterráneos. Tal vez hubo un influjo de nuestro amigo Platón, quien en La República estableció la categoría de las artes liberales y los trabajos serviles. Aquellas pertenecían a la nobleza y éstas a los rudos campesinos. En ese orden la mentalidad de los siervos de gleba y los señores feudales llegó a las nuevas tierras, con la mentalidad de ganar dinero fácil a costa de los parias que trabajasen. Quien más tenía servidumbre, era el más rico. Como los aborígenes resultaban perezosos, había que traer mano de obra de África y ahí se mezcló una etnia latinoamericana muy “sui géneris”. Esos somos nosotros. Seguimos con la mentalidad de ganar el máximo con el mínimo de exigencias. El vivo vive del bobo y ahí vamos para adelante. Cada quien trata sacarle la tajada al vecino apareciendo la ley de la selva: sálvese quien pueda. Los aventureros y soñadores ávidos de dinero, como nos lo describe de alguna manera nuestro escritor José Eustasio Rivera en la famosa novela, La Vorágine, es apenas una muestra del universo del problema. El libro Santo nos dice: “El que no quiere trabajar que no coma”. Sin embargo las mal llamadas políticas sociales de los diferentes gobiernos han propendido por erradicar la pobreza. ¿Cuáles son los resultados después de décadas? La pobreza sigue galopante; los cinturones de miseria aparecen a granel. Le hemos enseñado a la gente a mendigar. ¿Por qué no capacitamos al pobre para que salga de su pobreza y sea gestor de su propio desarrollo? Hemos generado una mentalidad de dependencia y cada día abundan los holgazanes que con agresividad piden el pan porque no son capaces de producirlo. ¿Para qué tanta fuerza pública para que haya paz?, ¿por qué no combatimos la pobreza y el desempleo para que logremos la verdadera paz? Pasemos del subsidio a la mendicidad al subsidio a la productividad. No hagamos política teniendo cautivos a los pobres. Hagámoslos libres, sacándolos de la pobreza.
