domingo, 12 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-08-09 09:58

Una crónica de 50 años

Carlos Tobar

Escrito por: Carlos Tobar
 | agosto 09 de 2016

Si hay algo importante en la historia de los pueblos es guardar la memoria de los sucesos cotidianos. Quién lo haga, que lo haga metódicamente, cubriendo todas las manifestaciones y sucesos de la vida social, sin desmayar a ninguna de las horas, de los días, de los meses, de los años, cumple una tarea invaluable. Si además, lo hace reflejando con amplitud democrática todas las vertientes del pensamiento, cuyo amplio espectro configura la sociedad en cada momento de la historia, se convierte en una referencia obligada para conocer el orden de los tiempos de una región, de sus ciudades, de sus gentes. Esto, y mucho más es el DIARIO DEL HUILA.

No obstante, haber nacido como un diario de orientación conservadora, de una vertiente política tradicional dominante durante buena parte del siglo XX, desde sus primeros días, el periódico abrió sus páginas a todas las expresiones políticas y culturales de la sociedad. Una prueba de ello, es la pléyade de plumas que conformaron su cuerpo de redacción desde sus inicios: Gustavo Hernández Riveros, Fermín Segura, Delimiro Moreno, Fabio Echeverry Campuzano,…y tantos otros que, a no dudarlo, fueron narrando los hechos de una región en formación. Salíamos de una de las épocas de mayor violencia política: la violencia de mitad de siglo. Atemperar los ánimos tratando de buscar consensos y coincidencias bajo el espíritu del Frente Nacional, la forma que se consideró más adecuada en ese momento por quienes dirigían al país, fue la orientación que le imprimieron sus fundadores, el doctor Max Duque Gómez y el abogado Max Duque Palma.

De allá a hoy, transcurrieron cinco largas décadas. Los cambios de la región, del país y del mundo han sido sorprendentes y vertiginosos. Quién quiera hacer un repaso de cómo incidieron en el Huila y sus ciudades, basta que repase las páginas del diario. Este es el mejor archivo histórico, con sus verdades, contradicciones, valores, sueños, aspiraciones, tropiezos de una “raza”, los opitas que hemos, mal que bien, construido una identidad cultural que nos caracteriza.

No soy yo el más conspicuo escribidor para evaluar esta crónica de 50 años. Ese reto les queda a tantos con tantos méritos y conocimiento que han pasado por sus páginas. Pero si puedo decir que, en lo personal, buena parte de quién soy como huilense, se forjó haciéndole seguimiento a los hechos que acaecieron en mi entorno cercano a través del diario. Ya en época más reciente, desde que me invitaron a hacer parte de su nómina de articulistas, he procurado expresar mis ideas, la visión que tengo del mundo y la región, con seriedad, responsabilidad y honestidad intelectual. Algo que he podido hacer, ya por varios años, con la más absoluta libertad e independencia, tal y como es el talante del DIARIO DEL HUILA. Una virtud que lo enaltece y que está en la esencia de sus propietarios directores y su equipo de redacción. Solo resta desearle, por el bien de la región y de sus gentes, larga vida al decano del periodismo escrito de la región.