Una Colombia al revés
José Eliseo Baicué Peña
Leí en la prensa de esta semana que está culminando, que el gobierno autorizó el alza de los impuestos para los vehículos usados. En realidad creí que estaba soñando. ¡Y no. Era verdad! Pero cómo es posible que suceda esto, cuando el común de los cristianos sabe que los automotores entre más viejos valen menos! Y si valen menos, ¿por qué carajos el impuesto tiene que valer más?
Creo que tienen que estarse revolcando en sus tumbas Keynes, Taylor, David Ricardo, y otros economistas. ¿Qué lógica es esta? ¿Acaso esa acción también contribuye a la paz?
El gobierno anuncia la paz con bombos y platillos. Y eso está bien, porque todos queremos paz. No la paz, sino paz. Pues la paz es una, pero paz incluye todo. Si eso es así, si buscamos y queremos la paz, por qué se vende Isagén y se expone al país a quedar en manos del sector privado todo lo que tiene que ver con energía? Y si la razón del gobierno es que el dinero va a ser destinado a vías y troncales, lo cual no niego que sea necesario, por qué no se invierte en educación sobre todo en el sector rural de tal manera que Colombia no tenga un solo niño analfabeta? Por qué se está anunciando un posible razonamiento eléctrico y un cobro adicional, cuando debieron haberse previsto las medidas necesarias? Por qué su autorizó solamente un mísero 7% al salario mínimo, que aunque está por encima de la inflación va a continuar generando más pobreza, más miseria y más delincuencia? Además, por qué tiene que tenerse como referencia la inflación cuando otros países no lo hacen? Por qué se gastan 600 millones de pesos en cortinas para el palacio de Nariño, cuando existen otras necesidades apremiantes en la población infantil como por ejemplo invertir en su nutrición?
Suben los peajes … pero las carreteras siguen mal. Sube la canasta familiar … pero el desempleo aumenta. Se habla de apoyo a las comunidades … pero la exclusión social es evidente. Se habla de justicia social, pero la corrupción e intereses permea a jueces y magistrados. Se saca pecho porque somos un país eminentemente agrícola, agropecuario, agroindustrial, cafetero, minero, piscícola, rico en fauna y flora, en aguas, dos océanos y bla, bla, bla, … pero el gobierno no invierte en el campo.
Cómo formar buenas personas en un panorama como este? Lo más sorprendente es que sí es posible. Colombia tiene la mayor riqueza con la que puede contar una nación: su recurso humano. La mayoría de sus pobladores es amable, solidaria, sonriente, trabajadora, honrada, y hasta consecuente con muchas causas por el solo hecho de agradar a los demás. El colombiano es innovador, pujante, recursivo, visionario, emprendedor, arriesgado, amante de los retos y capaz de adaptarse a todo. Como dice Kenji, el colombiano es capaz de adaptarse hasta el clima.
Pero, hasta cuándo será posible todo ese aguante, paciencia, resignación y espera de cambios en procura de mejores condiciones de vida? Hasta cuándo el colombiano aguardará a que se produzcan decisiones gubernamentales más justas, equitativas e incluyentes?
Se ven venir muchos brotes de impaciencia, rabia y decepción de los gobiernos y el Estado. Ya se está anunciando un paro en este mes para protestar por muchas cosas que este gobierno está imponiendo como el alza al IVA, otra posible reforma tributaria, más impuestos, y alza desmesurada en varios alimentos.
Acaso hay que pensar que todo esto es a expensas de firmar la paz en La Habana? Si se logra “esa paz”, esa que “se va a firmar”, automáticamente las condiciones de vida de los colombianos van a mejorar? Yo no lo creo. Y ojo, no estoy en contra de que se firmen los acuerdos en la isla, estoy rogando que sea así. Pero, no puede darse, precisamente, a costillas de los más necesitados, de las clases menos favorecidas.
¿Dónde está el aporte de los conglomerados económicos, de las empresas privadas, de las multinacionales, de los inversionistas? O es que vamos a seguir en una Colombia al revés
