miércoles, 15 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2015-06-25 06:31

Una candidata muy varonil y el empeño por desnudarla

Por Edgar Artunduaga

Escrito por: Redacción Diario del Huila | junio 25 de 2015

La candidata representaba a Cartagena y su presencia física, además de su voz de locutor,  obligaba al chismorreo: ¡era un hombre! Los directivos del reinado entraron en pánico, primero, y en una encrucijada después.

Era irrespetuoso preguntarle directamente; insultante pedirle una certificación de su sexualidad. Llamaron a Cartagena y con lenguaje rebuscado, haciendo malabares, interrogaron sobre “el origen” de la joven, sin hallar respuesta convincente.

Los “investigadores” creyeron que podrían alcanzar la verdad en el desfile acuático y decidieron uniformar a todas las candidatas con un traje de dos piezas. Un secretario de despacho se ofreció –con su lente poderoso- a tomarle una foto extrema a sus protuberancias. Otro, más temerario, se ofreció como edecán para propiciar algún toque accidental. 

El consenso crecía y el chismorreo también. La reina se parecía mucho al hoy secretario de hacienda, Luis Eduardo Serrano Tafur. Es como si el engreído funcionario desfilara hoy por la pasarela sanpedrina, me dijo una señorona de la época, metida en el embrollo de descubrir el engaño.

Tras fallar en todos los intentos por establecer la verdad, alguien se ofreció para conquistarla y llegar hasta las últimas consecuencias. La idea concreta era penetrar el fondo de la sospecha.

El personaje en cuestión habría logrado su cometido, pero nunca confesó la verdad y con el tiempo lloró a mares el romance establecido en Cartagena. Lo ven borracho por esta época y sonríe con picardía maricona cuando le preguntan si su amor fue cóncavo o convexo.

Los directivos de las fiestas nunca pudieron desvestir a la reina y mucho menos “requisarla”, como así lo proponía el comandante policial, un coronel costeño, que presumía de sus manos expertas. 

En general, el reinado opita ha tenido que soportar todo, incluyendo a una reina de apellido Gnecco que todas las noches salía de rumba y regresaba borracha a las 6 de la mañana. Otra, caqueteña, que recibía a su novio mafioso en otro piso del Hotel Plaza, donde consumaban el pago del patrocinio.

Es evidente que ha habido cosas peores. Por eso lamento  –y protesto- por el retiro abrupto de la espigada señorita Chocó, a quien negriaron del reinado, por el hecho de haber representado, cinco años atrás, a una casa de banquetes.

 Mis paisanos fueron capaces de semejante muestra de racismo, que afrentó a una joven humilde que quería bailar y salir del anonimato. Pero les faltó empuje para poner en evidencia al joven cartagenero que casi es elegido reina nacional del bambuco.

@artunduaga_