viernes, 03 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2014-06-11 09:05

Una buena elección

Cuentan que un anciano que era sordo desde hacía varios años, fue al doctor, quien le recetó un auricular que le devolvió la audición al 100%. El anciano regresó al mes para su chequeo y el doctor le dijo: su audición es perfecta.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | junio 11 de 2014

Su familia debe estar muy complacida de que haya vuelto a oir. El anciano respondió: ¡Oh!, no se lo he dicho todavía a mi familia. Sólo me siento a escuchar las conversaciones. Ya he cambiado mi testamento tres veces.

Cuentan que un joven universitario viajaba en el mismo asiento del trasporte con un venerable anciano que iba rezando el Santo Rosario. El joven se atrevió a decirle: “¿Por qué en vez de rezar no se dedica a aprender e instruirse un poco más? Yo le puedo enviar algún libro para que se instruya”. El anciano le dijo: “Le agradecería que me enviara el libro a esta dirección, y le entregó la tarjeta. En la tarjeta decía: Louis Pasteur, Instituto de Ciencias de París. El universitario se quedó avergonzado. Había pretendido darle consejos al más famoso sabio de su tiempo, el inventor de las vacunas, estimado en todo el mundo y devoto del Santo Rosario”. La gente ignorante es muy atrevida. A más ignorancia, más ruido. El sabio es prudente y sólo habla cuando es necesario y si contribuye a la edificación del ambiente. El sabio vive aprendiendo todos los días.

Cuentan que el Señor Fleming, un granjero escocés pobre, un día oyó un lamento pidiendo ayuda. Se fue de inmediato a prestar su apoyo. Era un muchacho que había caído en un pantano cenagoso y de tierra movediza.  El grajero Fleming salvó al muchacho de lo que podría haber sido una lenta y espantosa muerte. Al día siguiente apareció un carruaje elegante en  la granja. Un noble elegantemente vestido, salió y se presentó como el padre del muchacho rescatado. “Yo quiero recompensarlo”, dijo el noble. -Usted salvó la vida de mi hijo-. El granjero rehusó cualquier pago por el servicio prestado. En el momento llegó un chico. ¿Es su hijo? -Preguntó el noble-. Sí, contestó el grajero orgullosamente. Permítame, dijo el noble, que su hijo estudie con mi hijo. ¿Saben quién era ese hijo? Sir Winston Churchill. ¿Saben quién era el hijo del granjero? Alexander Fleming, el descubridor de la penicilina.

Definitivamente, como dice el Libro Santo: el que siembra tacañamente, tacañamente cosecha; el que siembra con generosidad, cosecha copiosamente. “Haz el bien sin mirar a quién”. El que siembra el bien, cosecha el bien; el que siembra el mal, cosecha el mal. ¿Qué está sembrando hoy? ¿Por qué se queja del presente, si ayer no hizo otra cosa que despilfarrar el tiempo y estuvo dedicado a los vicios? Las cosas no vienen por arte de magia o generación espontánea. Usted es el constructor de la historia, no crea en el destino. El futuro lo labra usted. No viva sino sembrando el bien y entonces mañana usted o sus hijos disfrutarán el bien hecho. Deje de creer en fatalidades. Dios le ha dado un cerebro para que tome decisiones. Viva cada día como si fuera el último de su vida. Aprenda que el bien es rentable.