Un privilegio que no va a durar siempre
Yefer Yesid Vega Bobadilla
Quisiera dedicar esta columna a resaltar una de las tantas maravillas del Huila que hacen parte de lo que somos; no solo como una exaltación a la naturaleza que nos acoge y nos brinda la posibilidad de crecer en armonía, sino también como una manera de fortalecer su conservación y preservación, porque como diría el poeta escocés Robert Burns: “la historia es cuestión de supervivencia. Si no tuviéramos pasado, estaríamos desprovistos de la impresión que define a nuestro ser”. inicio ubicándola hacia el sur a 5 hora de Neiva, en el extremo sur de la cordillera occidental a unos tres mil cuatrocientos metros sobre el nivel del mar; ahí se encuentra una fábrica natural de agua, un ecosistema que provee bienes y servicios ambientales indispensables y fundamentales para el desarrollo sostenible de nuestro departamento; se trata del Cerro Páramo de Miraflores, un conjunto de elevaciones montañosas, armonizadas con bejucos, arbustos, rosetas; un hermoso refugio de especies como el oso de anteojos; un invaluable lugar del que hacen parte los municipios de Garzón, Gigante y Algeciras – éste último que se encuentra de celebración por sus 92 años de fundación- son más de dos mil novecientas hectáreas atiborradas de biodiversidad en un ambiente frio y húmedo que oscila entre los 8 y 12 grados centígrados. Éste complejo no solo favorece al departamento del Huila sino también a otras regiones porque abarca las cabeceras de 5 zonas hidrográficas de Magdalena, Cauca y Amazonas. Las áreas con asentamientos humanos alcanzan los dos mil doscientos metros como La Pradera y Alto Corozal en el municipio de Gigante y El Batán y El Vergel en el municipio de Garzón, veredas habitadas por los máximos custodios del páramo, gentes nobles dedicadas a las actividades productivas de caficultura o el cultivo de frutas como el lulo, la mora o la granadilla. Hace unos años el páramo entró en una fuerte discusión al ser contemplado dentro del plan nacional de desarrollo como territorio apto para ser explotado en busca de minerales e hidrocarburos, bajo la figura de “pines” o proyectos estratégicos de interés nacional. Una pugna librada entre multinacionales y defensores del páramo; por fortuna el pasado mes de febrero del presente año, la sala plena de la Corte Constitucional, estuvo a favor de quienes han apostado por su preservación y puso fin a la polémica determinando que es el Congreso de la república quién limita la figura de utilidad pública y de esta manera descentralizó la toma de decisiones unilaterales que organismos como el ANLA (Autoridad Nacional de Licencias Ambientales) había justificado como necesarias para ejecutar los proyectos estratégicos; de esta manera se beneficia y se conserva no sólo al cerro páramo de Miraflores sino también a todos los páramos del país. África, centroamérica y sudamérica son las 3 zonas del planeta con más presencia de este tipo de ecosistema, en este último, Colombia aporta el 50% de ellos, y nosotros los huilenses gozamos de la dicha de nacer en la misma tierra donde nace el agua, por tal razón mi invitación es no solo conocer nuestra historia si no ser parte de ella a través de las practicas que ayuden a la conservación de nuestro páramo y de iniciativas positivas para el disfrute racional de un privilegio que no va a durar siempre.
