Un nuevo engaño
Jorge Eliseo Cabrera Caicedo
El acuerdo de la Habana, entre Santos y Timochenko, está lleno de mentiras y de promesas absurdas de “Ejecución rápida” como la de arreglar las vías terciarias de todo el país, mejorar escuelas, puestos de salud, casetas comunales, establecimientos de guarderías rurales infantiles, mercados, salarios, pensiones, etc. Y la creación de infinidades de muevas estructuras administrativas y judiciales.
Me imagino a las FARC dentro de escasos 3 o 6 meses reclamándole al señor Santos la implementación y ejecución de todo lo prometido. Se darán cuenta, aunque tardíamente, de un nuevo engaño e incumplimiento de Santos, en lo que es un verdadero experto.
En los últimos días hemos visto un despliegue inusitado y descarado de los funcionarios públicos por todo el país, utilizando indebidamente los bienes del estado para promover el voto del SI en el remedo de plebiscito que se realizará en el día de hoy. Así como se ha engañado a los colombianos también se logró el objetivo con la Comunidad Internacional, incluyendo al Santo Padre.
A los Alcaldes de todo el país el gobierno prácticamente los ha convocado hacer jefes del debate en sus localidades al SI por los acuerdos, bajo la amenaza de no obtener recursos del estado en el evento en que en su territorio obtenga la mayoría el NO a los acuerdos. ¡Que desfachatez y que cinismo!.
Quinas tenemos firmes convicciones democráticas y no somos susceptibles de ser objeto de presiones mediatecas, ni de constreñimientos indebidos “Como le ha venido en gana al Presidente Santos”, votaremos NO al voluminoso acuerdo.
Para mí, los puntos más insensatos del acurdo, son los incentivos a los cultivos ilícitos (muy pronto llegaremos a las trescientas mil hectáreas) y a la creación del Tribunal Especial de Justicia Transicional, integrado entre otros por ciudadanos extranjeros desconociendo por completo la actual estructura judicial colombiana y violando la soberanía Nacional.
A votar en conciencia. Nuestro voto es la única arma que tenemos para detener la vertiginosa carrera para convertirnos en una nueva Venezuela, bajo la doctrina fallida de “Mi nuevo mejor amigo”.
