Un espacio sagrado para la memoria I
Por Rafael Hernando Yepes Blanco
Al tratar el tema de los cementerios, hacemos referencia a uno de los lugares más visibles de una sociedad, un espacio de resignación y comunicación con el pasado, escenario privilegiado de encuentro y referencia de amigos y familiares. Nos recuerdan de dónde venimos y quiénes somos; permiten evidenciar huellas de procesos históricos, indagar por hechos asociados a la cultura. En su interior se escenifica el valor histórico y patrimonial, llegamos sin distinción de raza, posición, religión o sexo. La localización del central en Neiva como capital departamental y epicentro de la región sur colombiana, se refuerza por la riqueza histórica que contienen los mausoleos, monumentos y placas, ofrecen un testimonio de las personas representativas y acontecimientos histórico-sociales.
En las colonias españolas, los ciudadanos conservaron hasta el siglo XIX la costumbre de enterrar a los muertos en las iglesias; la primera iniciativa para la construcción de cementerios en las afueras de las ciudades fue propuesta con la ley primera de 1787 emitida por el rey Carlos III, sin embargo pasaron muchos años para ser aceptada. En Neiva inicialmente se utilizaba como cementerio un lote anexo al Templo Colonial en el centro, hasta que fue reubicado en el año 1884 en el inmueble que hoy conocemos en la calle 21 entre carreras 2 y 1G
En su interior encontramos un gran número de tumbas y mausoleos de personas ilustres como: Arcadio Charry Meneses, destacado político regional del partido conservador, defensor de la huilensidad, coronel del ejército, fue uno de los líderes de la acción separatista del Tolima Grande. Otra tumba importante es la de Reynaldo Matiz, defensor del partido liberal en la guerra civil de 1899, periodista, político, industrial y comerciante, lucho por el cambio de las estructuras del sistema colonial, impulsó proyectos en beneficio de la clase trabajadora.
Uno de los monumentos a la guerra más destacados es el mausoleo de Cándido Leguízamo, en cuya placa encontramos: héroe y mártir huilense en el conflicto colombo-peruano (1932-1933), ejemplo de la participación en las guerras y conflictos internacionales, en él se rinde homenaje a los soldados que murieron en defensa de la institucionalidad y de la patria, en el monumento reposa un casco y un fusil, teniendo como fondo un mural y cinco banderas. Más adelante se encuentra la tumba del doctor Ricardo Perdomo y señora, fue senador de la república y primer director de la Cámara de Comercio de Neiva, un ilustre medico; el listado es amplio pero la realidad actual del cementerio central es diferente, paso de ser un lugar rico en historia a un espacio lleno de tumbas y monumentos descuidados, la fachada urbana deplorable. En la semana entrante continuaremos el desarrollo del tema.
