Un día después
Gloria Cepeda Vargas
Este lunes 26 de octubre, marca un día transcurrido desde el cierre de las mesas de votación. Es decir, tiempo para empezar a evaluar con objetividad, el resultado que arrojan unos comicios donde la aparente calma exterior cubrió el turbulento río que hacía de las suyas por debajo. En la orilla perdedora, hoy empiezan los actos de contrición, los “si hubiera hecho así o asá”, las victimizaciones reales o supuestas, lo a veces inane de ofertas delirantes, los tsunamis de dinero que brotaron como la mala hierba. En la otra, “ya viene el cortejo, ya se oyen los claros clarines”, triunfos, abrazos, aleluyas, no exentas de sorpresas. Encuestadoras creíbles o en la cuerda floja, un reo recluido en la Modelo, con apodo y todo (John Calzones), posibles nexos con el narcotráfico y demás adminículos propios de su talante, quedó elegido para la alcaldía de Yopal y por ende guardián de los dineros y de la democracia en esa ciudad.
Clara López, una candidata respetable, pagó los platos que rompió la izquierda durante tres administraciones sucesivas. A pesar del asfixiante derechismo que caracteriza la sociedad empelucada del país, los líderes de izquierda tuvieron una oportunidad de oro para probar la ética humana y política que predican. No fue así, despilfarraron lo que acababan de obtener y esto, unido a ese síndrome sanguíneo de azul de metileno que nos hace tan conmovedoramente daltónicos, le pasó factura.
La derrota del Centro Democrático no me sorprende. No se puede vivir siempre bajo la lluvia. Graznando, posponiendo “el gustico” y derramando bilis y odio sobre el que no se les cuadre. Si el uribismo, con todo el potencial que aún tiene, no “busca mejores aires”, supera la mediocridad de voceros como María Fernanda Cabal y comprende que también está hecho de materia recicable como lo estamos todos, terminará de hundirse entre las egolatrías de arriba y los servilismos perrunos de abajo.
No conozco a ninguno de los dos ciudadanos que fueron elegidos respectivamente para la gobernación y la alcaldía en el Cauca. Su triunfo hace pensar en lo urticante de las dinastías vengan de donde vinieren y también de qué manera el poder y sobre todo el dinero, trastocan la sindéresis humana. El mundo cambia señores, el hombre, “cosa vana, variable y ondeante”, exige transformaciones acordes con el tiempo, lo demás es luchar contra lo imponderable.
La mentalidad del electorado colombiano empieza a tomar color. Hay cambios quizá imperceptibles producidos por el agotamiento físico y mental del imaginario político y de la paciencia popular. Esta situación era de esperar, “Nada pasa y nada queda, pero lo nuestro es pasar”, dijo Antonio Machado, y se afianzó como augur del futuro.
