Un doctor muy corrompido
Por Edgar Artunduaga
La joven prostituta fue detenida tras un escándalo en que se vio involucrada. El asunto se complicó porque sólo tiene 17 años, y la situación obliga a un tratamiento especial.
Al parecer la riña no tuvo mayores consecuencias y podía salir libre de inmediato, pero su condición de menor de edad no podía soslayarse jurídicamente.
Vinieron los interrogatorios formales y los encargados del asunto se encontraron con las confesiones de la joven, acerca de su vida y las circunstancias que la condujeron a prostituirse.
Tenía sólo 14 años y “un doctor” muy importante de Neiva le pagó primero para dejarse manosear y después para todo lo demás –explicó ella- que fue degenerando muy rápido en encuentros sadomasoquistas, obligados por el señor tan respetable de la sociedad huilense, socio de clubes y personaje destacado con frecuencia en las páginas sociales.
La muchacha recibía dinero y azotes, y con el tiempo menos plata pero más latigazos, hasta cuando la situación se volvió inmanejable para los dos. Ella estuvo hospitalizada un par de veces. Y él debió fingir accidentes y atracos, para justificar heridas y hematomas.
El doctor –cuyo nombre, con todos sus datos, está consignado en el proceso judicial que se adelanta- prostituyó a la niña y después quiso compartirla con otros amigos, en orgías que se desarrollaban en su apartamento de Neiva.
Es bonita, espigada y ojos altaneros pero que emiten ráfagas de odio y desprecio. Se ve desdeñosa y envalentonada, pero pasa pronto a la tristeza, el llanto, la mansedumbre, la postración. Y cuando desciende de la rebeldía a la docilidad ha contado toda su terrible historia.
El doctor cada día exigía más violencia, casi bordeando la muerte. Ahí fue cuando volvió a la conciencia y entendió –desde la cúspide del precipicio- lo profundo del abismo y la inminencia de caer en él.
Despreciada por su familia (que la vio engallada con las joyas de fantasía que le compraban) no tuvo valor para implorar su perdón. Y optó por el camino de la prostitución abierta, “gremio” en el que también hay garroteras como en la política, hasta cuando alguien entra en desgracia.
Hablo de política, porque el degenerado en cuestión suele salir retratado con todos los personajes de la vida pública regional, a quienes al parecer también prostituye con sus negocios.
Estoy que me muero de las ganas por entregar su nombre –con pelos y señales- pero primero evalúo el tema de las restricciones legales que tiene el proceso, en la etapa que se surte.
Cuando me enteré del asunto pensé que eran las 50 sombras de Gray (a lo opita), pero descubrí que se trata de un infame y despreciable caso de corrupción de menores, con un protagonista inmerecidamente apreciado en la alta sociedad huilense.
