Ultimátum
La paz es una prioridad para todos los colombianos. Sin embargo, no todo es válido ni permisible en la búsqueda de este anhelo nacional.
El presidente Juan Manuel Santos, presionado por un país que hoy no duerme tranquilo debido a las acciones vandálicas de una guerrilla incoherente, amenazó con la ruptura de los diálogos de La Habana si se persiste en la escalada terrorista, decisión que de inmediato tuvo eco entre los parlamentarios de la Unidad Nacional, la Procuraduría y otros sectores de la vida nacional.
Lo evidente es que las Farc está minando la confianza de un Gobierno que ha sido generoso y amplio, que incluso se ha enfrentado a la oposición, asumiendo un enorme costo político, en aras de sacar adelante una negociación que como todos sabemos es complicada.
No está bien que mientras en La Habana se habla de equidad y desarrollo social, en Colombia se estén lanzando granadas contra pequeños establecimientos comerciales, cuyos propietarios se resisten a cancelar la cuota extorsiva.
No es posible que además la guerrilla esté intentando desconocer a las víctimas de un conflicto que ha dejado millones de huérfanos, viudas, mutilados y mucha sangre derramada.
El representante a la Cámara por el Huila, Jaime Felipe Lozada, pidió no seguir avanzando en la negociación hasta que las Farc reconozcan públicamente a las víctimas, mientras que otros parlamentarios le piden al presiente Santos no seguir negociando con los tiempos lentos de las Farc, sino con el afán de todo un país.
En nuestro editorial de ayer insistimos en que una opción es la firma de un cese de hostilidades como requisito para seguir avanzando, algo que el Gobierno debe analizar, pues lo que hoy está claro es que la dinámica no puede ser la misma y que si la guerrilla persiste en la extorsión y los actos vandálicos como mecanismo de presión, el proceso se va a desvanecer hasta colmar la paciencia de un mandatario y la voluntad de todo un país.
La Iglesia y algunas instancias internacionales ya le han pedido al Gobierno paciencia, esa que ha demostrado tener el presidente Santos y que como todos sabemos tiene un límite.
Ahora nace la oportunidad que el país entero, en desarrollo de una movilización pacífica, le exija a las Farc coherencia, sensatez y sobre todo pensar en patria antes que en los intereses particulares.
Los colombianos anhelamos la paz, pero también entendemos que el Gobierno no puede aceptar una negociación en medio de unos actos vandálicos.
