jueves, 16 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2014-11-19 08:56

Tregua pero condicionada

El secuestro del general Rubén Darío Alzate debe servir para que las partes (Gobierno y Farc) enderecen aspectos de la negociación, con el objetivo de alcanzar, de la forma más rápida y expedita, el fin del conflicto que no es lo mismo que la paz.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | noviembre 19 de 2014

El presidente Juan Manuel Santos insiste en que la mejor forma de negociar es en medio de la guerra, sustentando que una eventual tregua bilateral puede extender la negociación en el tiempo, haciendo el diálogo muy largo y tedioso, incluso prestándose para otros fines como la reorganización del grupo guerrillero y hasta el rearme.

Seguramente tiene razón el presidente. En anteriores intentos de diálogo en la búsqueda de la paz, las Farc han engañado al Gobierno y al país, utilizado las herramientas y las concesiones otorgadas para crecer como grupo subversivo, para organizar su estrategia terrorista y para desarrollarse en función de la guerra, no de la paz.

Pablo Catatumbo, uno de los voceros de las Farc en La Habana, insistió ayer en la posibilidad que se acuerde un cese bilateral el fuego “para evitar que se sigan presentando situaciones como el plagio del general Alzate o incluso hechos más graves”.

Duro pronunciamiento de la guerrilla que se puede interpretar como el anuncio de más secuestros y más acciones contrarias a la paz, algo así como una nueva amenaza de la guerrilla, una historia que el país ya vivió y que dejó secuelas imborrables.

Fue en el gobierno del expresidente Andrés Pastrana Arango que la guerrilla aprovechó un gesto de paz de parte del Estado para escalar en su proyecto guerrerista. Para el caso del Huila fueron secuestrados los líderes políticos Jorge Eduardo Géchem Turbay, Consuelo González, Gloria Polanco, Orlando Beltrán y muchos policías y militares de bajo rango, algunos de los cuales murieron en cautiverio.

Eso es lo que no puede volver a suceder. El Gobierno debe propender y hacer todos los esfuerzos –como lo está haciendo- para alcanzar en el menor tiempo posible el fin del conflicto y empezar a dar los primeros pasos en la búsqueda de la paz.

En este sentido pensar en una tregua es viable, pero ésta debe tener reglas claras y verificables para no caer en las trampas del pasado, una tregua que sea planteada como el fin de los enfrentamientos sin que esto signifique que se negocie territorio o que existan lugares vedados para las fuerzas del orden.

Y lo primero es que las Farc entreguen al general Alzate y a todos los secuestrados que hoy tienen en su poder. No puede ser diferente. Una vez libres se debe analizar la posibilidad de la tregua condicionada y con verificación internacional.