Tregua inmediata
La estabilidad del proceso de paz está en juego si el Gobierno y las Farc no logran acordar un cese de hostilidades.
La escalada terrorista nacional que por estos días adelanta la guerrilla de las Farc y posiblemente el ELN –un indudable acuerdo macabro de las dos agrupaciones alzadas en armas- nos regresó a la época del terrorismo, que para el caso es sinónimo de destrucción, muerte, retraso en lo económico, subdesarrollo, etc.
En Bogotá estallaron petardos de bajo poder. En Arauca, Cauca, Nariño y Antioquia también se registraron alteraciones del orden público, mientras que en Huila soportamos un día más de zozobra, con atentados contra las Empresas Públicas de Campoalegre y una bodega en Palermo.
Sabemos de los esfuerzos de la Policía, los vemos a diario en Neiva, por lo que se entiende que la solución no está en aumentar el pie de fuerza, ni mejorar la inteligencia, ni mucho menos hacer cambios en las cabezas de los organismos se seguridad.
Hacer terrorismo es fácil; evitarlo, una labor complicada; por lo que la solución hay que buscarla en La Habana (por medio del diálogo) y no en Colombia por la fuerza.
Las expectativas de gran parte de los colombianos están centradas en lo que pueda pasar en la mesa de negociación de La Habana, algunos más optimistas, otros escépticos, sin embargo, todos expectantes.
El problema radica en que este terrorismo infame solo propicia angustia y por lo mismo ya se están escuchando las primeras voces que exigen al presidente Juan Manuel Santos ponerle término a los diálogos, es decir una fecha límite, en el entendido que soportar esta ola de atentados en forma indefinida es definitivamente imposible.
Pero entendemos que negociar el fin de un conflicto de más de 60 años no es tarea fácil. Imposible ponerle términos, no es viable y eso lo debe entender el país, por lo que sería prudente que el Gobierno plantee como punto prioritario de los diálogos que están por reanudarse, el ese cese de hostilidades que le daría tranquilidad a un país que odia la guerra y donde lo más anhelado es la paz.
Colombia necesita esa tranquilidad que solo es posible si la guerrilla y el Estado deciden dialogar en medio de la paz y no de la guerra.
